Javier Bardem en ‘El ser querido’: «Algún abuso de poder se ha creado»

‘El ser querido’, lo nuevo de Rodrigo Sorogoyen, llega hoy a los cines españoles con Javier Bardem y Victoria Luengo como protagonistas de una historia sobre padres, hijas y todo lo que se rompe cuando alguien decide irse.

La película nació de una conversación. Sorogoyen, la guionista Isabel Peña y la propia Luengo hablaron de sus padres, de esas relaciones que pesan y que marcan. «Había algo de tres paternidades especiales y muy distintas, y entonces, a una cierta edad, empiezas a pensar en eso, en tu relación con tus padres», explica el director, que presentó la película en el pasado festival de Cannes, donde compitió por la Palma de Oro.

Bardem interpreta a Esteban Martínez, un director laureado con fama de difícil y un pasado violento. Luengo es Emilia, su hija, con la que lleva más de una década sin verse. El reencuentro tiene un motivo concreto: él quiere darle un papel en su próximo filme, ambientado en los años 30 en el Sáhara, cuando era colonia española. «Emilia es una mujer con una profunda herida de abandono», apunta Luengo. Y esa herida tiene eco en lo político: el abandono del pueblo saharaui por parte de España.

La inclusión del Sáhara fue cosa de Bardem. «Si estamos hablando de abandono, el abandono al pueblo saharaui por parte de la colonia administradora que es España tendría sentido», cuenta el actor, que no se muerde la lengua al hablar de su activismo. «Tomé la responsabilidad de saber que cuando tomas una acción hay represalias. Me la puedo permitir, tengo un espectro laboral que me lo permite. Creo que es cobarde no hablar si puedes hacerlo».

El personaje de Esteban arrastra algo que Bardem conecta con un modelo de masculinidad caducado. Unas creencias «desfasadas que tienen que ver con la mala identidad de lo que significa ser un hombre». Un tipo incapaz de pedir perdón. «Hay muchos hombres a los que todavía les cuesta el hecho de escuchar, dejar entrar al otro y decir: ‘Tienes razón, perdón’», señala. Sorogoyen amplía la idea: «Se le coloca siempre en un sitio mucho más elevado, y eso crea monstruos».

Sobre los abusos de poder en rodajes, Bardem no se esconde pero tampoco señala con el dedo. «Me venían memorias, ideas, experiencias de gente con la que he trabajado, nadie en concreto. No he estado nunca en una situación donde yo tengo que abandonar un set, pero algún abuso de poder se ha creado». No hace falta nombre propio. El retrato que dibuja la película habla por sí solo.

La primera secuencia de ‘El ser querido’ ya lleva la firma de Sorogoyen grabada a fuego. Diecinueve minutos de conversación entre padre e hija en un restaurante real, con cámaras escondidas, micros ocultos y el equipo camuflado. Bardem y Luengo solo se habían visto dos veces y llevaban ocho meses sin coincidir. Un truco deliberado. «Fue una idea buenísima porque estaban los seres humanos más nerviosos, yo creo, que los personajes», reconoce Peña. Luengo lo recuerda así: «Cuando después de una hora y veinte de toma dijo Rodrigo: ‘Corta’, las paredes empezaron a moverse y empezó a salir gente vestida de negro que eran como hormigas saliendo de todos lados».

‘El ser querido’ habla de abandono en varios sentidos. El de un padre a su hija. El de un país a un pueblo. El de un hombre a la posibilidad de reconocer que se equivocó. Sorogoyen, Bardem y Luengo han construido una película que no necesita levantar la voz para que duela. Hoy se puede comprobar en salas.

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