‘Nuestra patria’: el texto que explica por qué el Zinemaldia es más que cine

Una columna publicada en El Diario Vasco convierte el Festival de San Sebastián en algo íntimo, biográfico y casi fundacional para quienes crecieron a su sombra.

El texto se titula ‘Nuestra patria’ y lo firma un cineasta donostiarra que arranca con un recuerdo de cuando tenía seis años. Una película proyectada sobre un muro en la playa de Ondarreta, una noche de verano, junto a su madre. Era ‘Agente juvenil’. No ha vuelto a verla. Pero ese es el punto: sus primeros recuerdos del Zinemaldia ni siquiera pertenecen al festival en sí.

De ahí nace la idea central del artículo. El festival no es solo una semana de proyecciones. Es algo que compone a quienes viven en Donostia, algo que ha convertido a una ciudad pequeña en un lugar donde el cine respira en cada esquina y donde aún sobreviven varias salas en el centro urbano.

Hay anécdotas que duelen y que hacen gracia a partes iguales. Como aquella vez, en 1999, en que Sigourney Weaver visitó el festival y el autor logró abrirse paso entre la gente en la balaustrada del María Cristina para llamarla. Ella se acercó, se dieron la mano, y del bloqueo que sintió le dejó un apretón sin fuerza. La mirada de decepción de Weaver se le quedó grabada.

La columna reserva un espacio especial para José Luis Rebordinos. Lo describe como una figura casi paternal. Alguien que apoyó desde antes de dirigir el festival, cuando estaba al frente de la Unidad de Cine de Donostia Kultura. Que llamó al autor para decirle que le había encantado su ópera prima, ‘Gelditasuna ekaitzean’, una película que esperó hasta el límite para poder ver porque habían acabado el rodaje a finales de junio.

El texto menciona las escuelas de cine que han brotado alrededor de ese ecosistema —Larrotxene, Kontadores, Urnieta, Andoain— y la Elías como la incorporación más reciente. Un mapa de formación que existe porque existe el festival. Causa y consecuencia.

El cierre es limpio y directo: si Donostia es la casa, el Zinemaldia es la casa dentro de la casa. Un acontecimiento «sin fin y lleno de alegrías y recuerdos». Patria viene de pater, de padre. Y eso es exactamente lo que el autor siente que el festival ha sido para toda una generación de cineastas y cinéfilos guipuzcoanos. No un evento en el calendario, sino un lugar al que siempre se pertenece.

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