‘The Debut’, tercer largometraje de Jesse Eisenberg como director, ha pasado por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián 2026 con más oficio que riesgo. Una película que funciona gracias a sus intérpretes, pero que no consigue ir más allá de los moldes que elige.

Eisenberg cruza dos géneros que Hollywood lleva décadas puliendo hasta dejarlos lisos: el musical sobre la debutante que conquista el escenario y el melodrama de superación femenina. La protagonista es un ama de casa atrapada en el rol subalterno que le reserva una familia patriarcal. Su camino hacia el teatro es también su camino hacia sí misma. Nada que no hayamos visto antes.
Lo que sostiene la película tiene nombre y apellidos. Julianne Moore está magnífica y conmovedora, como casi siempre. Paul Giamatti borda otro arquetipo conocido: el director de escena exigente, un punto tiránico, capaz de sacar lo mejor de quienes dirige. La química entre ambos es lo que da vida a un guion que, por sí solo, no encuentra la manera de sorprender.
Hay un detalle que sí añade interés. El escenario no es Broadway ni sus bambalinas rutilantes. Es un humilde teatro comunitario en un barrio marginal de Nueva York. La obra que ensayan habla de las penurias de la vivienda en esa misma periferia, lo que genera un contraste directo con el entorno acomodado de clase media del que viene la protagonista. Ese comentario social es lo más estimulante de la propuesta.
Pero Eisenberg no consigue trascender los tópicos sobre los que construye todo. Los recorre uno por uno, con aplicación, con cariño hacia sus personajes, pero sin la audacia necesaria para darles una vuelta. El resultado es un caramelito amable. Un crowd pleaser que se deja ver sin molestar y se olvida sin dolor.
Tercer largo detrás de la cámara para un actor al que se le nota la pasión por contar historias pequeñas. ‘The Debut’ respira amor por el teatro como refugio, por la gente que hace arte sin focos ni alfombras rojas. Eso se agradece. Lo que falta es una mirada propia que eleve el material por encima del ejercicio correcto. Moore y Giamatti merecían una película a su altura.



