La nueva película de Gabriel Martins ha aterrizado en la Sección Oficial de San Sebastián con una historia de culpa heredada, pérdida y redención silenciosa. Brasil la ha elegido como su candidata al Goya a la mejor película latinoamericana.

‘Vicentina pede desculpas’ pone en el centro a una profesora que ya roza la vejez. Su hijo conducía un autobús que sufrió un accidente trágico. Murió él. Murieron otros. Y Vicentina decide hacer algo que nadie le ha pedido: ir puerta por puerta a pedir perdón a los familiares de cada víctima. Un duelo propio disfrazado de expiación ajena.
Lo que podría haberse convertido en un ejercicio de lágrima fácil toma otro camino. Martins filma ese itinerario con una franqueza que esquiva el folletín. Nada de retórica condescendiente. Nada de subrayados emocionales. Lo que importa es el recorrido, no la llegada. Cada encuentro con un familiar le devuelve a Vicentina una respuesta distinta: empatía, rencor, comprensión, amargura. El mosaico completo de lo que provoca una tragedia.
Todo descansa sobre los hombros de Rejane Faria. Su trabajo es de los que justifican una película entera. Inyecta en Vicentina una hondura que no necesita aspavientos: dolor profundo y mirada sabia al mismo tiempo. El cuerpo de la actriz ocupa cada encuadre con un peso específico que Martins utiliza como herramienta narrativa. Dónde se sitúa, cuánto espacio ocupa, cómo se empequeñece o se planta. Cine físico en el mejor sentido.
La película dialoga de forma inesperada con ‘Tender Loving Care’, la reciente cinta de Mike Leigh. Ambas hablan del sentido de los cuidados. Ambas colocan en el centro a criaturas a las que sus directores miran con un cariño que no es complacencia, sino respeto. Dos películas sobre la humanidad curativa que llevamos dentro, llegadas desde tradiciones cinematográficas distintas pero conectadas por algo que va más allá del argumento.
Que la academia de cine brasileña haya elegido esta película como su representante para los Goya dice bastante de lo que Martins ha conseguido. No es un gesto menor. Es una declaración de intenciones sobre qué tipo de cine quiere exportar Brasil ahora mismo.
‘Vicentina pede desculpas’ se presenta en San Sebastián como una de esas películas que no levantan la voz para hacerse oír. No la necesitan. Les basta con una mujer casi anciana llamando a una puerta, pidiendo perdón por algo que no hizo, intentando recomponer lo que ya no tiene arreglo.



