Filmin estrena el próximo 7 de agosto ‘Blue Film’, el debut en el largometraje del cineasta estadounidense Elliot Tuttle, dentro de la programación del Atlàntida Mallorca Film Fest.

La premisa no invita a ponerse cómodo. Un antiguo profesor, apartado de la docencia por intentar abusar de un alumno, paga 50.000 dólares a un joven trabajador sexual por pasar una noche juntos en Los Ángeles. Lo que empieza como una transacción se convierte en una larga conversación sobre un pasado compartido y sus consecuencias. No hay giro fácil. No hay redención empaquetada.
Kieron Moore interpreta a Aaron, el escort de cámara web. Reed Birney da vida a Hank, el profesor. La película transcurre casi íntegramente dentro de una casa, una decisión que concentra toda la tensión en el diálogo, los silencios y el trabajo de ambos actores. Dos cuerpos, un espacio cerrado y una historia que ninguno de los dos puede esquivar.
El camino de ‘Blue Film’ hasta llegar a una plataforma no ha sido precisamente plácido. Sundance la rechazó. SXSW también. Varios distribuidores cerraron la puerta. La crudeza de su argumento levantó un muro que solo empezó a caer cuando la crítica del Festival Internacional de Cine de Edimburgo la reivindicó con fuerza. A partir de ahí, la película continuó su ruta por NewFest, Montclair, Filadelfia y Atenas hasta aterrizar ahora en el Atlàntida Mallorca Film Fest.
Elliot Tuttle, afincado en Los Ángeles, no venía del vacío. En 2021 creó el podcast de ficción «Lina’s Song», con Hari Nef y Dylan Gelula. Pero ‘Blue Film’ es otra cosa. El propio director señala como referentes a Catherine Breillat, Michael Haneke y Agustí Villaronga, tres cineastas que han abordado la sexualidad y el abuso sin red de seguridad. El título alude a las antiguas películas pornográficas clandestinas, un guiño a su voluntad de desnudar a los personajes sin convertir al agresor en caricatura ni concederle la absolución.
Lo que plantea esta película es territorio incómodo de verdad. No emite juicios morales cerrados. No señala con el dedo ni mira hacia otro lado. Pone a dos personas en una habitación y deja que el peso de lo que ocurrió entre ellas ocupe todo el aire. Ese tipo de cine necesita que el espectador quiera estar ahí, aunque duela. 7 de agosto en Filmin, dentro del escaparate del Atlàntida. Una ópera prima que tuvo que recorrer medio mundo para encontrar quien la mirase a la cara.



