‘Mala Bestia’: una fábula sobre el fin de la inocencia que conmueve de verdad

Bàrbara Farré debuta en el largometraje con una película que no se parece a casi nada de lo que el cine español ha producido últimamente. ‘Mala Bestia’ llegó a la Sección Oficial de la 29ª edición del Festival de Málaga con 90 minutos de lírica visual, metáforas y una honestidad que se nota en cada plano.

La historia sigue a Atenea, una adolescente huérfana adoptada por una pareja extraña. Hasta ahí, el esquema podría sonar familiar. No lo es. Farré no construye un relato de madurez al uso. Construye una fábula. La bestia del título no es un monstruo literal, sino el miedo a la oscuridad y la soledad de un futuro que se acerca sin pedir permiso.

María Schwinning da vida a Atenea con una interpretación que la fuente no duda en calificar de reveladora. Su trabajo sostiene una película que apuesta por las imágenes y la atmósfera antes que por el diálogo explícito. Lo que siente Atenea se ve, se intuye, se respira. Rara vez se dice en voz alta.

La relación con la madre adoptiva funciona como eje emocional de todo el relato. En esa convivencia se cruzan la curiosidad, la atracción, la envidia y un afecto maternal que Atenea nunca tuvo. Farré maneja esa dualidad con una delicadeza que esquiva lo obvio. No hay respuestas fáciles. No hay discursos subrayados.

El ritmo es deliberadamente atmosférico, casi el de una niña encerrada que sabe que la puerta se va a abrir tarde o temprano. La banda sonora de Raül Refree acompaña con una musicalidad alegórica que encaja como un guante en el tono del filme. El diseño sonoro, según la crónica del festival, resulta esencial para cerrar esa experiencia envolvente.

No todo funciona con la misma limpieza. El arranque peca de un CGI oscuro y algo tosco que puede sacar al espectador de la atmósfera antes de que esta se haya asentado del todo. Un tropiezo menor que la película supera en cuanto encuentra su cadencia.

Lo que Farré consigue con ‘Mala Bestia’ es tratar la infancia perdida, el deseo de amor, la identidad sexual y la madurez forzada sin reducir nada a eslogan. Todo cabe en 90 minutos porque la narrativa es poética, no expositiva. Y porque la directora confía en la inteligencia de quien mira.

El cine español no suele arriesgar así en una ópera prima. ‘Mala Bestia’ lo hace y sale airosa: una película pequeña en escala, enorme en lo que dice sobre crecer cuando nadie te ha enseñado a quererte. Uno de los debuts más interesantes de lo que llevamos de 2026.

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