La película del cineasta checo Ondřej Provazník, inspirada en el caso real del coro Bambini di Praga, llega a los cines españoles el 21 de agosto de la mano de A Contracorriente Films tras un recorrido por festivales que ya ha dejado huella.

Hay películas que eligen el camino fácil para hablar de abuso: el morbo, la denuncia frontal, el golpe de efecto. ‘El coro de Praga’ hace lo contrario. Provazník se sitúa en el punto de vista de la víctima, una niña de trece años que entra en un coro de élite y cuyo talento atrae la atención del director del grupo. Lo que sigue no es un estallido, sino un proceso lento, construido desde la admiración, la confianza y la manipulación progresiva.
Esa decisión narrativa lo cambia todo. No estamos ante un relato que señala con el dedo al agresor desde el primer fotograma. Lo que la película retrata es la confusión de quien no sabe nombrar lo que le está pasando. Las contradicciones, el silencio, la dificultad de romperlo. El propio Provazník ha explicado que su intención era acercar al espectador «de la forma más auténtica posible» a la complejidad emocional que viven quienes sufren este tipo de violencia.
El estreno mundial tuvo lugar en la Competición Oficial del Festival de Karlovy Vary, donde la película se llevó dos reconocimientos: el Europa Cinemas Label Award y una Mención Especial del Jurado para Kateřina Falbrová. Su interpretación fue uno de los elementos más elogiados por la crítica, y con razón: sostener una película así desde los ojos de una adolescente exige un registro que pocas actrices jóvenes consiguen manejar. Su première española en el BCN Film Fest confirmó esa impresión, con otra mención interpretativa para la joven actriz.
Desde Karlovy Vary, la película ha pasado por Warsaw, Arras, Marrakech, Göteborg, Trieste y Sofía. Un circuito internacional extenso para una producción checo-eslovaca de 106 minutos que no busca el espectáculo, sino la incomodidad justa.
El reparto incluye también a Petra Bílková, Marek Cisovský, Lucie Ingrová y Martina Jindrová. La fotografía corre a cargo de Lukás Milota. Provazník firma tanto la dirección como el guion, lo que refuerza la sensación de que estamos ante una película con una mirada muy personal, no un encargo.
Lo más valioso de ‘El coro de Praga’ es lo que decide no mostrar. En un tema donde el exceso acecha en cada esquina, la película opta por la sutileza. No necesita subrayar lo que el espectador ya intuye. Y ese hueco entre lo que se ve y lo que se entiende es exactamente donde duele.



