La sexta entrega de la franquicia ‘Insidious’ llega a los cines con la firma de Jacob Chase, un director de carrera hasta ahora intrascendente que aprovecha la oportunidad de Blumhouse para demostrar que sabe manejar una cámara con criterio.

Hay una tradición en el cine de terror que merece la pena recordar. Roger Corman lo hizo en los sesenta: dar cuatro duros a directores novatos y dejarles demostrar lo que valían. De ahí salieron Coppola, Scorsese, Bogdanovich, Demme. El género, con sus clichés y sus carriles marcados, funciona como un examen. Si sabes salirte del guion preestablecido con poco presupuesto, probablemente sirvas para algo más grande.
‘Insidious: fuera del más allá’ opera exactamente en ese registro. Una saga que llevaba tiempo deambulando con la lengua fuera, sin apenas nada que ofrecer, entrega de pronto una película donde se nota que hay alguien detrás. Chase, de 40 años y con un recorrido que nadie recuerda, compone algo bastante más que un producto de paso.
El prólogo es excelente. Sin música hasta casi el final de la secuencia, apoyado en silencios, en la imagen perturbadora encuadrada con precisión y en un montaje que no sobra ni falta. Chase vuelve al tema original de la saga, la vulnerabilidad de la infancia, y lo hace con herramientas de cineasta, no de artesano del susto fácil. Dos recursos lo sostienen todo: el plano subjetivo y el inserto, ese plano que interrumpe el flujo natural de una escena para multiplicar su impacto.
A partir de ahí, la película despliega tres picos de miedo que funcionan con fuerza: el dentista, la vejez y los sueños de intensidad incomprensible. Hay una secuencia ambientada en los llamados backrooms —un simple escondrijo con cojines— que genera una claustrofobia irrespirable. Puro lenguaje cinematográfico. Nada de trampas.
El problema llega en la segunda mitad. Chase parece más guionista torpe que director hábil. La película se atasca, se hace más larga de lo que es y culmina con un clímax narrativamente enrevesado. Demasiadas piezas encajando a la vez, poca limpieza. Hay alguna imagen potente suelta, pero el engranaje no termina de funcionar. Es la diferencia entre saber construir piezas de horror notables y saber contar una historia de miedo de principio a fin.
Con Amelia Eve, Brandon Perea, Island Austin y Lin Shaye en el reparto, y producida por Jason Blum y James Wan desde Blumhouse, la película dura 106 minutos y se estrenó el 21 de agosto. No va a reinventar nada. Tampoco lo pretende.
Lo que deja ‘Insidious: fuera del más allá’ no es tanto una gran película de terror como un portafolio convincente. Jacob Chase ha respondido con contundencia a las preguntas que importaban en su examen. La mitad de la película basta para saber que tiene ojo, pulso y criterio visual. La otra mitad revela que todavía le falta oficio con el guion. Pero si alguien en Blumhouse está prestando atención, este es un nombre que conviene apuntar.



