Javier Bardem y Rodrigo Sorogoyen se sientan a hablar de ‘El ser querido’, la película que pasó por Cannes con todos los honores y que llegará próximamente a la cartelera española. Un filme que cruza cine y vida para retratar a un director que reencuentra a la hija que abandonó hace años.

La película es un juego de espejos. Bardem interpreta a un director de cine. Victoria Luengo, a su hija, actriz, a la que abandonó hace mucho. Padre e hija se reencuentran en el rodaje de una película dirigida por él y protagonizada por ella. Directores que dirigen actores que interpretan a directores y actrices. Parece un laberinto y es solo cine encontrándose de bruces con la vida.
Sorogoyen se mueve con cautela cuando le preguntan cuánto hay de ejercicio terapéutico en representarse a sí mismo por primera vez en pantalla. «Imagino que, como el propio protagonista, uno se da cuenta de lo que quiere realmente contar con el paso del tiempo», responde. Bardem, desde el otro lado, lo tiene más claro: «Un buen director es un guía que marca el viaje creativo sin dejar de cuidar el trayecto personal del actor. Es un colaborador que suma en la inspiración y en el juego sin dejar de ser sensible a los obstáculos y los miedos».
El centro de ‘El ser querido’ es la masculinidad como herencia envenenada. El director que Bardem encarna es la gran figura patriarcal: todo lo controla, todo lo puede, a todo cree tener derecho. Sorogoyen niega cualquier parecido consigo mismo. «Nunca he sido una figura dominante. No me gusta. No me sale», dice. Pero reconoce algo más complejo: «La figura masculina que nos han inculcado desde pequeños es que el hombre siempre es el poderoso, el que impone su criterio».
Bardem va más lejos. «Hablamos de los años 70 u 80 en los que se configuraron tipos de pensar y actuar basados en el puro patriarcado dominante», explica. «Era un tiempo en el que se daba por buenos y normales los desequilibrios sociales o el trato injusto a la mujer. Crecimos en un corral de gallos peleones a los que se les premiaba la agresividad y la sumisión de los demás». El actor, que debutó delante de una cámara en 1974 con apenas cinco años y acumula más de 80 películas, insiste en que no se trata del hombre en general, sino de «un tipo de hombre concreto, aupado en su egoísmo desde una educación machista y de valores trasnochados con olor a naftalina».
Sorogoyen también habla de su relación con la violencia. «Por mi educación cinematográfica siempre me ha fascinado», reconoce. «Si veo una pelea en la calle, soy de los que se acercan. Obviamente para separar a los que se pegan, pero no puedo mirar para otro lado. No dejo de preguntarme por qué ese empeño del ser humano en hacerse daño y por qué lo permitimos».
‘El ser querido’ dejó huella en Cannes. Lo que llegará a las salas es una película sobre un hombre que creció convencido de que el mundo le pertenecía y una hija que lleva toda la vida pagando esa creencia. Bardem y Luengo delante de la cámara. Sorogoyen detrás. Cine que muerde donde más duele.



