‘El final de Oak Street’ tenía preparado un final mucho más oscuro. Ewan McGregor y Anne Hathaway han revelado cómo era el desenlace original de la película de David Robert Mitchell, y habría cambiado por completo el tono de la despedida.

Aviso obligado: lo que viene a continuación destripa el final de la película. Quien no la haya visto, que cierre esta pestaña ahora mismo.
En la versión que llegó a las salas, tras la muerte de Greg —el patriarca de la familia que interpreta McGregor—, los supervivientes logran viajar en el tiempo hasta treinta minutos antes del inicio de la invasión jurásica. Salvan a Greg. Crean una paradoja temporal. Pero sobreviven juntos. Un cierre esperanzador, casi un regalo al espectador.
El guion original no tenía esa generosidad. La idea era que Denise y sus dos hijos viajaran al pasado, sí, pero no a 1982. McGregor lo ha contado así: «Acababan en las praderas durante los tiempos de los colonos. No habían conseguido volver a su época, y el pobre Greg no estaba ahí». Familia rota, época equivocada, sin vuelta atrás. Puro ‘La dimensión desconocida’.
Mitchell decidió cambiarlo por algo más luminoso. Y Hathaway le da la razón con un argumento que pesa: «Cuando vi la película lo hice con alguien que había perdido a su padre, y lloró mucho con el final. Dijo: «Esto es lo que quiero de una película como esta, algo que solo puede pasar en una película, y me encanta»». La actriz se quita el sombrero ante Mitchell y J.J. Abrams por haber tomado esa decisión.
El final alternativo habría sido más juguetón, más gamberro, y desde luego habría abierto la puerta a posibles secuelas con la familia atrapada en otra época. Pero también habría dejado al público con un sabor amargo difícil de digerir. Un padre muerto, una familia perdida en el tiempo, ninguna esperanza de regreso. El tipo de cierre que divide salas por la mitad.
Lo que rodea a la película tampoco ayuda a la conversación. ‘El final de Oak Street’ ha pasado casi desapercibida en taquilla, aplastada por la competencia directa de ‘Spider-man: Brand New Day’ y ‘La Odisea’. Una lástima. En otra época —sin dos gigantes comiéndose la cartelera— habría funcionado como ese título mediano que la gente descubre en vuelos y autobuses y acaba recomendando meses después.
Con esos números, la posibilidad de una secuela que explorara aquel final descartado parece remota. El desenlace agrio se queda en anécdota de rodaje, en ese «qué habría pasado si…» que alimenta conversaciones pero no da luz verde a nuevas películas. Mitchell eligió la esperanza. El público que llegó a verla probablemente se lo agradece. El resto ni se enteró.



