‘Forastera’: poesía visual sobre el duelo que no necesita palabras para emocionar

Lucía Aleñar Iglesias debuta en el largometraje con una película que habla de fantasmas sin recurrir al miedo, de pérdida sin derramar lágrimas y de identidad sin grandes discursos. ‘Forastera’ se estrena el 11 de septiembre y merece que le presten atención.

La directora amplía aquí su propio corto homónimo de 2020. Un camino que ya conocemos en el cine español, pero que en este caso funciona porque el material pedía ese espacio extra para respirar. Y respirar es exactamente lo que hace esta película. Despacio. Con calma. Midiendo cada gesto como quien coloca flores en un jarrón sabiendo que el más mínimo desajuste lo estropea todo.

Catalina y su hermana pasan el verano con sus abuelos en una casa junto a la playa. Kayak, sol, cocina, tiempo detenido. Hasta que una noche Catalina encuentra el cadáver de su abuela al pie de las escaleras. A partir de ahí, todo cambia. La madre llega y tensa las relaciones. El abuelo se desmorona. Y Catalina, casi sin querer, empieza a ocupar el hueco de la abuela. Se pone sus vestidos. Replica sus gestos. Provoca un terremoto emocional en quienes la rodean, que oscilan entre la necesidad de recordar y el rechazo a lo que sienten como algo enfermizo.

Zoe Stein sostiene la película entera. A sus 26 años sigue resultando creíble como adolescente, y hay algo en su presencia —ya lo demostró en ‘Mantícora’— que atrapa incluso desde el silencio. Su Catalina transforma el duelo en un juego de espejos que bordea lo perturbador sin caer nunca en él. El otro pilar es Lluís Homar, que explora la fragilidad de su personaje con una contención admirable. Dos registros opuestos que encajan como piezas de un mismo puzzle roto.

Aquí no hay diálogos extensos ni banda sonora que te diga cuándo emocionarte. Aleñar Iglesias confía en otra cosa: un fluorescente que parpadea, un postre guardado en papel de film que ya nadie podrá volver a preparar, el aroma que queda atrapado en un vestido dentro del armario. La cámara se mueve de forma insinuante, buscando esos destellos en los que sentimos que los personajes no están solos. No hacen falta efectos especiales para invocar a un fantasma. Basta con que una receta no sepa igual.

Es cine atmosférico en estado puro. La calidez y la frialdad de las estancias transmiten más que cualquier monólogo. Cada detalle está colocado con intención, pero sin que se note el esfuerzo. Esa es la verdadera destreza de la directora: hacer que lo calculado parezca natural.

No es película para impacientes. Quien busque golpes de efecto o giros de guion se va a encontrar con un muro de silencio. Pero quien acepte su ritmo descubrirá una colección de sensaciones humanas difíciles de trasladar sin palabras y que ‘Forastera’ traduce en imágenes con una sencillez que desarma. El espectador decide cuánto hay de sobrenatural en lo que ve. O si todo es, simplemente, la manera que tiene una chica de no soltar a quien ya no está.

Hay quien hace cine y hay quien hace poesía. Aleñar Iglesias, en su ópera prima, demuestra que se pueden hacer las dos cosas a la vez sin levantar la voz.

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