El Festival de San Sebastián ha sido el escenario elegido para el salto de Berto Romero al cine como guionista de largometraje. ‘Una premisa insólita’, dirigida por Javier Ruiz Caldera, es una comedia de bucles temporales con Romero, Javier Cámara y Belén Cuesta encerrados en una casa rural donde el tiempo retrocede cinco minutos una y otra vez.

La dupla Ruiz Caldera-Romero no es nueva. Ya trabajaron juntos en ‘El otro lado’ y ‘Mira lo que has hecho’. Pero aquí dan un paso distinto. El director de ‘Spanish Movie’, ‘Tres bodas de más’ y ‘Anacleto: Agente secreto’ coge un mecanismo de ciencia ficción y lo pone al servicio del humor. Sin pretensiones de rompecabezas temporal. Sin querer ser Nolan.
El planteamiento es limpio. Una pareja en crisis acude a una casa rural por recomendación de su terapeuta. Allí les recibe el agente inmobiliario que les entrega las llaves, un Javier Cámara inquietante. Todo parece normal hasta que las maletas que acaban de sacar del maletero vuelven a estar dentro. Las llaves cambian de bolsillo. Los últimos cinco minutos se repiten. Y se repiten. Y se repiten.
Lo que hace funcionar la película es que no se toma el bucle como un problema que resolver, sino como un parque de atracciones narrativo. Romero y Ruiz Caldera se divierten saltando de registro: un rato coquetean con el cine de catástrofes, otro rato juegan con los códigos del thriller psicológico, y en los mejores momentos dejan que la violencia escale hasta imaginar qué pasaría si Sam Peckinpah o Quentin Tarantino se cruzaran con un Berto Romero muy alterado y armado con un rifle. Ahí está la gracia. En lo absurdo tomado en serio.
El concepto del bucle temporal breve ya lo exploró el japonés Junta Yamaguchi en ‘Más allá de los dos minutos infinitos’ y ‘Atrapados en un bucle infinito’. La referencia es inevitable. Pero la película española no intenta competir en ingenio estructural, sino en tono. Y el tono negro le sienta bien durante buena parte del metraje.
El problema llega cuando la comedia intenta ser algo más. En su tramo final, ‘Una premisa insólita’ incorpora reflexiones sobre las consecuencias de nuestros actos y se detiene a explorar la relación de la pareja protagonista. La intención se entiende. Pero el resultado resta ligereza al conjunto. Le cuesta no quedarse atrapada en su propio bucle, precisamente cuando debería acelerar. Porque cuando mejor funciona es cuando no se propone nada más que reírse de sí misma.
Berto Romero carga con el peso cómico y lo sostiene. Belén Cuesta es la otra mitad de esa pareja rota que necesita el absurdo para mirarse de frente. Javier Cámara, en un registro más contenido e inquietante, aporta la dosis justa de extrañeza. Los tres funcionan en un espacio cerrado durante 92 minutos, que es donde de verdad se mide un reparto.
Lo mejor de ‘Una premisa insólita’ es ver la chispa de Berto Romero desembarcar por fin en el cine. Lo peor, ese ligero desgaste del tramo final que hace que la película termine con menos fuerza de la que acumula en su mejor momento. Aun así, para quienes busquen una comedia española que no siga el camino habitual, aquí hay una propuesta con personalidad, humor negro y la valentía de convertir cinco minutos en todo un universo.



