‘Lejos de los árboles’: Meritxell Colell lleva el exilio republicano a las cordilleras peruanas

El nuevo largometraje de Meritxell Colell Aparicio aterriza en la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián tras haber sido galardonado en Locarno. ‘Lejos de los árboles’ cierra, por ahora, una trilogía personal sobre el viaje, la frontera y la identidad.

El cine de Colell no se mueve en línea recta. Avanza en capas. En ‘Con el viento’ (2017) el viaje era físico, un cuerpo adaptándose al desplazamiento. En ‘Dúo’ (2022), la frontera se convertía en algo más concreto: una línea que marca quién eres y quién no. Ahora, con ‘Lejos de los árboles’, esa frontera se disuelve. Lo que queda es difuso, incompleto. Y ahí es exactamente donde la película quiere estar.

La historia acompaña a Adela —interpretada por Angélica Castelló— en un periplo que va desde la selva hasta las cordilleras peruanas. Un trayecto exterior que funciona como excusa para otro mucho más hondo: el de la memoria familiar del exilio republicano en México. La memoria de Adela es, en gran medida, la de la propia Castelló. Y eso le da al relato una textura que no se puede fabricar en un guion.

Lo que propone Colell no es reconstruir el pasado con precisión documental. Es reconocerlo desde los huecos, desde lo que falta. La memoria del exilio no llega aquí como un relato cerrado, sino como algo que se tantea, que se intuye. La directora abandona la rigidez y apuesta por lo fragmentario. Una decisión arriesgada que convierte lo colectivo —toda una época, toda una generación expulsada— en algo íntimo.

‘Lejos de los árboles’ confirma que Colell tiene un territorio propio dentro del cine español. Un lugar donde el viaje nunca es solo geográfico y donde la identidad siempre está en tránsito.

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