La película de la directora catalana se ha llevado el premio FIPRESCI y el Boccalino d’Oro en la 79.ª edición del Festival Internacional de Cine de Locarno, apenas tres días después de su estreno internacional en el certamen suizo.

No es un premio. Son dos. Meritxell Colell ha visto cómo ‘Lejos de los árboles’ se ganaba el respaldo unánime de la crítica en Locarno con el FIPRESCI, otorgado por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica, y el Boccalino d’Oro 2026, el galardón de la crítica independiente suiza a la mejor película. Un doblete que habla por sí solo.
La película sigue el viaje a Perú de una artista sonora mexicana, nieta de exiliados republicanos catalanes. Tres generaciones, dos continentes y una herida que no termina de cerrarse. Colell cruza memoria personal, diáspora y exilio con una mirada que, según ambos jurados, encuentra en el montaje y el ritmo su columna vertebral.
El jurado del FIPRESCI ha destacado la manera en que la directora entrelaza tiempos y realidades distintas, prestando especial atención a culturas marcadas por la violencia colonial. No es un ejercicio de nostalgia. Es un relato que mira al pasado para entender las grietas del presente.
El Boccalino d’Oro ha ido por un camino parecido pero con un matiz propio: ha subrayado cómo la película se acerca al legado de la conquista española en Perú y el tono esperanzador con el que aborda la continuidad de las tradiciones. Una película que habla de pérdida pero no se queda atrapada en ella.
‘Lejos de los árboles’ tuvo su estreno internacional el pasado 13 de agosto en Locarno. Tres días después, ya acumula dos reconocimientos de peso en un festival que lleva 79 ediciones filtrando cine con criterio.
En el palmarés oficial del certamen, el Pardo d’Oro ha recaído en la rumana ‘Nu e locul tau aici’, de Florin Șerban. El Gran Premio del Jurado ha sido para la brasileña ‘A margem do rio’, de Matheus Farias y Enock Carvalho. Colell no se ha llevado el oro oficial, pero la crítica ha hablado alto y claro.
Lo de Meritxell Colell en Locarno no es un accidente. Es la confirmación de una directora que trabaja en un registro propio, lejos de lo convencional, y que ha encontrado en la intersección entre lo íntimo y lo histórico un territorio que le pertenece. Dos premios de la crítica en un festival de primera línea no se consiguen con buenas intenciones. Se consiguen con una película que deja marca.



