‘Ruega por nosotras’: Daniel Monzón tropieza al contar un horror que merecía más

Daniel Monzón lleva a San Sebastián la historia del Patronato de Protección a la Mujer, esa cárcel con disfraz de colegio que funcionó en España entre 1931 y 1985. El resultado es una película que acierta en lo que muestra pero se atasca en cómo lo cuenta.

Ana es joven, vive en Barcelona, y en 1974 comete el imperdonable delito de salir de fiesta. Una noche, alcohol, un banco, la policía y ningún documento encima. Su padre, católico de misa diaria, la mete en un internado regentado por monjas. Lo que sigue es un descenso a un infierno real: exámenes ginecológicos humillantes, castigo por no ser virgen, por ser lesbiana, por quedarse embarazada sin marido, por vivir en la calle. Por existir fuera del molde.

El material es demoledor. Más de cinco décadas de represión institucional contra mujeres que no encajaban en la moral del régimen. Eso, solo eso, ya debería bastar para sostener una película. Y en parte lo hace. Monzón consigue huir del melodrama fácil y construir una atmósfera claustrofóbica que funciona, a medio camino entre prisión y convento. Las sensaciones están ahí. Se sienten.

El problema es la estructura. La película entra en un bucle que no encuentra la salida. Ana busca la libertad, la Madre Superiora se lo impide. Una y otra vez. Clímax, anticlímax, repetir. Como un fractal que se devora a sí mismo. El conflicto entre heroína y villana tiene sentido dramático, pero el recurso se agota mucho antes de que lleguen los créditos.

Zoe Bonafonte carga con todo el peso de la historia y no se le caen las costuras. Su Ana tiene verdad. Pero ni siquiera su trabajo consigue tapar lo que falla alrededor. Adelfa Calvo, como Madre Superiora, queda atrapada en un personaje dibujado con trazo grueso. La mala es muy mala. Ya lo sabemos desde el primer acto. Subrayarlo durante dos horas no añade nada, solo resta matices.

Hay momentos en los que la película se apoya demasiado en el poder de la amistad entre las internas, y ahí pierde filo. Se vuelve blanda justo cuando debería cortar. Una historia así pedía más sutileza en la villana y menos repetición en la mecánica narrativa.

‘Ruega por nosotras’ cumple una función necesaria: recordar lo que ocurrió. Pero la distancia entre la potencia de lo real y lo que la película consigue hacer con ello se nota. Monzón tenía entre manos un horror auténtico. Lo que falta no es intención, sino precisión.

Cine y series, en tu WhatsAppEstrenos y noticias en el canal de Butaca Online. Gratis y nadie ve tu número.
Unirme al canal