El Festival de San Sebastián ha estrenado ‘200 vidas. Paco Rabal’, un documental que rescata la memoria del actor en el vigesimoquinto aniversario de su muerte y el año en que habría cumplido cien años.

Lo más llamativo no es lo que cuenta el documental, sino quién lo cuenta. Paco Rabal narra su propia vida a través de cintas de casete rescatadas. Su voz, directa y sin filtros: «No sé inglés, tampoco francés, tengo una cicatriz enorme en la cara y llevo peliquín». Así se definía él mismo. Sin pose, sin épica impostada.
‘200 vidas. Paco Rabal’ está dirigida por Vanesa Benítez y producida por Jose Antonio Hergueta, que ha dejado clara la dimensión del personaje: «Es quizás el actor español más internacional antes que Bardem o Banderas». Una afirmación que, revisando su filmografía, cuesta discutir.
Rabal recuerda en el documental cómo empezó todo. Pidiendo oportunidades a quien quisiera escucharle. «Oiga venga deme usted un papelito… algún día chico, tienes buena cara de cateto». De ahí a trabajar con Buñuel, a quien describió como «uno de los hombres más sabios que conocí». De ahí a compartir plano y oficio con Jean-Luc Godard y Monica Vitti. Un recorrido que pocos actores españoles pueden exhibir.
El estreno ha coincidido con un Festival de San Sebastián que ha recibido a estrellas internacionales como Brad Pitt y Orlando Bloom. Pero entre tanto brillo, el homenaje a Rabal ha tenido un peso distinto. No era glamour. Era memoria.
Lo que propone ‘200 vidas’ tiene algo que va más allá del repaso biográfico al uso. Dejar que sea el propio Rabal quien se retrate, con esas cintas de casete como hilo conductor, convierte el documental en algo más íntimo que cualquier reconstrucción con cabezas parlantes. Un actor que nunca dejó de ser el chico con cara de cateto al que un día le dieron un papelito. Y que con eso construyó más de doscientas vidas.



