‘Narciso’: Paraguay, rock’n’roll y represión en el drama más oscuro de Martinessi

Marcelo Martinessi regresa con su segundo largometraje, una película sombría ambientada en la dictadura de Stroessner que conecta la represión homosexual con la llegada del rock’n’roll a Paraguay. ‘Narciso’ se estrena hoy, 2 de octubre, tras su paso premiado por la Berlinale.

Hay una paradoja brutal en el punto de partida. Mientras Elvis, Little Richard, Buddy Holly y Chuck Berry encendían la mecha de una revolución juvenil en Estados Unidos, Paraguay se hundía en una de las dictaduras más largas de América Latina. Martinessi planta su cámara justo ahí, en esa grieta entre libertad y terror, y no la mueve.

La película se inspira en un caso real: el asesinato en 1959 de Bernardo Aranda, carismático locutor de radio. La novela homónima de Guido Rodríguez Alcalá sirve como base, pero Martinessi hace algo inteligente con el material. No le interesa tanto el crimen como lo que lo rodea. Lo que lo alimenta. Lo que lo hace posible.

El escenario central es Radio Capital, una emisora «del pueblo para el pueblo» donde el folclor nacional choca de frente con los nuevos ritmos que llegan del norte. Narciso, interpretado por Diro Romero, se convierte en la estrella de esa emisora. Adora a los pioneros del rock. Y eso, en la Paraguay de Alfredo ‘El Rubio’ Stroessner, ya es motivo suficiente para levantar sospechas. Pero la cruzada moral del régimen apunta más lejos. Apunta a los cuerpos. A la comunidad homosexual.

Martinessi trabaja con un lenguaje expresionista nocturno, lleno de sombras y recovecos, que convierte Radio Capital en un escenario casi teatral. Los personajes de esa emisora regentada por Lulu —gran trabajo de Manuel Cuenca— se mueven entre el deseo, la música y el silencio. El rock y los cuentos de terror de Drácula que programa la radio funcionan como la misma amenaza: la imaginación. El mayor peligro para cualquier poder retrógrado.

Lo más inquietante de ‘Narciso’ no es lo que muestra, sino lo que calla. La película habla desde la piel de sus personajes, desde todo lo que no dicen, y apunta a ese momento exacto en el que una sociedad empieza a aceptar el terror como algo normal. Esa resignación silenciosa es más aterradora que cualquier escena de violencia explícita.

El reparto lo completan Margarita Irún y Nahuel Pérez Biscayart. Martinessi ya demostró con ‘Las Herederas’ —también premiada en la Berlinale— que sabe moverse en territorios donde lo político y lo íntimo se confunden. Aquí va un paso más allá. El esperpento y el terror se mezclan con una sensibilidad física que recuerda más al cine de género que al drama histórico convencional.

Con 100 minutos de metraje, ‘Narciso’ no necesita más. Es una película que encierra a sus personajes en un espacio claustrofóbico y deja que la presión haga el resto. El rock’n’roll como chispa de libertad, la radio como último refugio y una dictadura que convierte el deseo en delito. Martinessi ha construido algo tenebroso y necesario: un recordatorio de lo rápido que la libertad se precipita al vacío cuando nadie la defiende.

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