La autora madrileña, ganadora del premio Planeta 2024 con ‘Victoria’, vuelve con una novela que se mete de lleno en las sombras del magnicidio de Robert Kennedy y el convulso 1968 estadounidense.

Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) no se anda con rodeos cuando habla del asesinato que vertebra ‘Un hombre de honor’ (Planeta). «No creo que Sirhan Sirhan pudiera hacer el tiro de gracia que mató a Robert Kennedy», afirma. El disparo fue detrás de la oreja derecha. Todos los testigos sitúan al tirador de frente. Las cuentas no salen.
La novela transcurre en Nueva York, en 1968. Un año que la autora define como «magnético, de transformación brutal». La ofensiva del Tet, el asesinato de Martin Luther King, las protestas violentas y la muerte de Bobby Kennedy tras ganar las primarias en California. Todo en unos meses. Un país sacudido hasta los cimientos.
Los protagonistas son Nicole Donaldson, una joven periodista de buena familia que intenta hacerse un hueco en una redacción dominada por hombres, y Frank Bernstein, un policía judío que trabaja en una comisaría de Harlem atravesada por los sobornos. Ella investiga la muerte de Kennedy. Él busca la verdad en un sistema que se lo pone difícil. Ambos comparten caso y obstinación.
Sánchez-Garnica ha recorrido con la prensa los escenarios reales de la novela. Desde Central Park hasta los muelles de Hoboken, al otro lado del Hudson, donde la mafia siciliana traficaba con heroína a finales de los 60. También el restaurante Delmonico’s, en la zona de Wall Street, donde las familias ricas de Nueva York hacían negocios ligados a la guerra de Vietnam. «La guerra es un negocio, si no hubiera negocio, no habría guerra», sentencia la autora.
Las incongruencias del magnicidio de Bobby Kennedy ocupan un lugar central en la trama. Testimonios descartados o desaparecidos, disparos desde posiciones imposibles y un único culpable oficial. La autora señala un detalle concreto: una mujer declaró que, tras el tiroteo, vio salir a una pareja muy excitada del hotel, una chica caucásica con un vestido blanco de lunares negros y un chico con aspecto chicano gritando «Hemos disparado a Kennedy». La policía ordenó buscar a dos sospechosos, pero esa orden se anuló de inmediato. Se impuso la versión del tirador solitario.
A Robert Kennedy le sobraban enemigos. Sánchez-Garnica destaca la enemistad con Jimmy Hoffa, el presidente del sindicato de transportes con lazos con la mafia, que le llamaba «Bobito» y le culpaba de todo. Una mafia que, según la autora, «hasta los años 60 estaba en todos los estamentos de la economía, los grandes negocios, los sindicatos».
«Escribo para aprender y para entender mi pasado más inmediato», explica Sánchez-Garnica. Entender cómo personas corrientes gestionan sus vidas cuando las reglas morales se tuercen, cuando el mundo que les rodea se corrompe. Esa es la médula de ‘Un hombre de honor’. No una novela de investigación sobre el caso Kennedy, sino un relato sobre lo que un acontecimiento así provoca en quienes lo viven de cerca y deciden no mirar hacia otro lado.



