‘Boiúna: La leyenda del amazonas’, la serpiente gigante que el cine de criaturas necesitaba

Donde el remake de ‘Anaconda’ fracasó en todo lo imaginable, ‘Boiúna: La leyenda del amazonas’ aparece para recordar que una película de serpiente gigante en la selva solo necesita una cosa: saber exactamente lo que es.

La premisa no engaña a nadie. Un equipo de jóvenes médicos embarca en una misión humanitaria por la selva amazónica. Algo enorme y antiguo se despierta bajo el agua. A partir de ahí, supervivencia pura. Lo que diferencia a ‘Boiúna’ de tantas producciones similares es que no intenta aparentar lo que no es. Conoce sus límites y juega dentro de ellos con bastante inteligencia.

El primer acto es lo más flojo del conjunto. Los personajes se presentan sin demasiada personalidad, algo acartonados, cumpliendo un trámite que la película necesita pero que no consigue hacer interesante. Son el trampolín hacia lo que realmente importa. Y se nota.

Cuando las presentaciones terminan y el Amazonas empieza a enseñar los dientes, la cosa cambia. La selva deja de ser un decorado y se convierte en algo con presencia propia. Esa inmensidad salvaje, la sensación de peligro constante, la hostilidad del entorno: todo eso construye una atmósfera que le sienta muy bien a la película. Hay momentos en los que el propio escenario roba protagonismo a la criatura.

La película alterna tensión, acción y apariciones de la bestia con un criterio que mantiene el ritmo sin caer en la monotonía. No todas las secuencias funcionan igual, pero hay una intención clara de no dejar que el interés decaiga. Los efectos especiales flojean en algunos tramos, sí. Pero hay una diferencia enorme entre tener poco presupuesto y no saber qué hacer con él. ‘Boiúna’ sale bien parada en ese aspecto porque no pretende disimular lo que no puede pagar.

Los personajes son olvidables. Eso no se puede negar. Ninguno deja huella más allá de su función dentro de la trama. Pero en una película donde lo que quieres ver es una serpiente mitológica sembrando el caos en mitad del Amazonas, esa carencia pesa menos de lo habitual.

Es cine de domingo después de comer. De esas películas que te pones sin expectativas y que, cuando terminan los créditos, te dejan con la sensación de que el rato ha merecido la pena. No va a cambiar la vida de nadie ni quedará grabada en la memoria durante meses. Pero cumple. Y en un género donde el remake de ‘Anaconda’ con Paul Rudd y Jack Black no fue capaz ni de funcionar como película de serpiente gigante, cumplir ya tiene mérito.

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