José Mota se estrena en la dirección de largometrajes con una fábula sobre el humor en tiempos de guerra que no termina de encontrar el tono. ‘Arriba Tutto’ quiere ser ‘La vida es bella’ a la española, pero se queda a medio camino entre la ternura y la irrelevancia.

La película arranca bien. Pablo Cabello, como el pequeño Michi, y Karra Elejalde, como su padre cómico ambulante, construyen una primera parte con encanto genuino. Hay química entre los dos. Hay gestos que funcionan. Hay un mundo de farándula itinerante que resulta cálido y creíble.
El problema llega cuando Michi crece. Mota se pone delante de la cámara como un cabo republicano amargado en plena Guerra Civil y el registro no le encaja. Ese gesto agrio, ese rencor hacia todo lo que fue, no resulta convincente en un intérprete cuya fuerza siempre ha estado en otro lugar.
Pero el verdadero lastre no es interpretativo, sino de enfoque. ‘Arriba Tutto’ edulcora la contienda de una manera que diluye su propio mensaje. Quiere denunciar la barbarie de la guerra y defender el poder del humor, pero lo hace esquivando precisamente aquello que haría esa defensa necesaria. Sin oscuridad real, la luz no significa nada.
Las comparaciones son inevitables. Roberto Benigni logró en ‘La vida es bella’ que la dulzura conviviera con el horror del Holocausto sin negarlo. Charles Chaplin ridiculizó el nazismo en ‘El gran dictador’ con una crítica afilada bajo la carcajada. Mota aspira a ese territorio, pero sus herramientas —chistes, travestismo ideológico e idiomático— no alcanzan la contundencia que el tema exige.
El reparto cumple dentro de las coordenadas de lo que se les pide: habitar una fábula más fantástica que realista. Olivia Molina, Diego Anido y Emilio Gavira completan un elenco que trabaja con oficio una historia que no les da demasiado margen. Todo funciona como un teatrillo callejero, que es exactamente lo que el guion quiere dignificar. La paradoja es que esa misma ligereza le resta peso a todo lo demás.
La coincidencia en cartelera con ‘La bola negra’, que muestra la Guerra Civil en toda su crudeza, no ayuda. Ver ambas películas en la misma semana deja en evidencia lo que ‘Arriba Tutto’ decide no mostrar. Y esa decisión tiene consecuencias narrativas.
Con 102 minutos de metraje, el debut de Mota tras las cámaras no es un desastre. Tiene momentos, tiene intención y tiene un arranque que funciona. Pero una Guerra Civil contada sin heridas visibles acaba pareciendo un cuento que se cuenta a sí mismo para no mirar por la ventana.



