‘The Echo Chamber’: el último guion de Bertolucci se convierte en un drama sobre amor y adicción

El último guion escrito por Bernardo Bertolucci antes de fallecer sirve de base para el nuevo largometraje del realizador italiano Andrea Pallaoro, un drama romántico que transcurre por completo en un apartamento de Londres.

Luca Marinelli da vida a Leo, un joven productor musical en la cumbre profesional que arrastra un problema de adicción. El personaje logra persuadir a Ava, cantante legendaria ya retirada encarnada por Susan Sarandon, para que grabe un nuevo disco. Tras una sobredosis, Anne, la pareja de Leo (papel de Alicia Vikander), lo rescata y él ingresa durante un tiempo en rehabilitación.

De regreso al lujoso apartamento londinense, único escenario del filme, Leo intenta reconstruir su vida sin sustancias. Anne no se comunica con él, pero se cuela en la vivienda cuando él sale y recorre el espacio donde nació su relación.

El guion original de Bertolucci fue adaptado por Ilaria Bernardini y Ludovica Rampoldi. La película utiliza elipsis y saltos temporales que al principio pueden desorientar, pero que, una vez asimilados, mantienen la atención incluso en los tramos más pausados.

Mediante el vínculo entre los tres protagonistas, el filme indaga en la dependencia y el dolor. Los opiáceos funcionan como metáfora de un amor que se deforma cuando alguien pretende ahorrarle sufrimiento a quien quiere. La cinta señala con sutileza los riesgos de escapar del dolor en vez de encararlo, y cuesta reprochar nada a los personajes ni siquiera en sus decisiones más cuestionables.

La banda sonora la conforman los temas que Leo y Ava graban juntos, interpretados vocalmente por la propia Susan Sarandon. Las escenas que comparte con Marinelli figuran entre lo más destacado del filme: diálogos cargados de verbosidad y emoción dentro de un relato donde prima la acción silenciosa.

‘The Echo Chamber’ presenta también puntos débiles. Ciertos momentos pecan de un dramatismo excesivo y poco verosímil, como si las guionistas desconfiasen de la solidez de sus personajes y acudiesen a giros algo forzados para intensificar la tensión emocional. El final resulta el ejemplo más flagrante de esos excesos: gratuito y desproporcionado, el filme habría ganado cerrándose veinte minutos antes.

Aun así, esos tropiezos no arruinan el resultado global. Las interpretaciones de todo el elenco sostienen una historia que, pese a sus irregularidades, logra que el amor y la aflicción de los protagonistas sigan resonando tras abandonar la sala.

La banda sonora lleva la firma de Clément Ducol, y el reparto se completa con Ann Akin, Peter Coonan, Aomi Muyock y Antonia Fotaras.

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