‘Amarga Navidad’: cómo se ilumina al Almodóvar más oscuro

Pau Esteve Birba, director de fotografía de la película número 24 de Pedro Almodóvar, desgrana las decisiones visuales detrás de un filme que compitió por la Palma de Oro en el 79 Festival de Cannes y que ya está disponible en Movistar Plus+.

Almodóvar dice que ‘Amarga Navidad’ es una de sus películas más oscuras. No lo dice solo por el tema. Lo dice en un sentido literal. Hay secuencias con niveles de luz más bajos que en cualquier cosa que haya rodado antes, como esa apertura en la que Bárbara Lennie, como Elsa, yace en una habitación a oscuras con una migraña que parece tragársela entera.

Esteve Birba llega al universo Almodóvar sabiendo exactamente dónde pisa. Antes que él pasaron José Luis Alcaine, Rodrigo Prieto y Edu Grau. El listón no estaba alto, estaba en la estratosfera. Él mismo lo reconoce: «Sentí mucha responsabilidad e intenté estar a la altura de todos los que han pasado antes por aquí». No es una frase de cortesía. Es alguien que entiende que fotografiar una película de Almodóvar te coloca bajo un escrutinio muy particular.

Lo que distingue a ‘Amarga Navidad’ dentro de la filmografía del director manchego empieza por algo aparentemente prosaico: no hay plató. Todo se rodó en pisos reales, algo insólito en las producciones de El Deseo. Esa decisión lo cambia todo para un director de fotografía. No hay paredes que se retiren, no hay techos falsos para colgar luces. Esteve Birba tuvo que trabajar con lo que los espacios reales ofrecían, y esa limitación está impresa en cada plano. El resultado es una intimidad que no se fabrica, se encuentra.

La película opera en dos universos. Uno es el mundo que habita Raúl Rossetti, el escritor manipulador al que da vida Leonardo Sbaraglia, que maneja el destino de Elsa mientras se inspira en la historia de su amiga Mónica (Aitana Sánchez-Gijón) para escribir su guion. El otro es el de la ficción que Raúl construye, regido por la mirada de Elsa. Esteve Birba planteó diferenciar ambos visualmente e incluso propuso cambiar la relación de aspecto, una conversación que mantuvo con Pedro y con Agustín. Esa tensión entre lo que vemos y lo que el personaje escribe es el pulso narrativo de la película, y la fotografía tenía que sostenerla sin subrayarla.

Hay algo revelador en cómo Almodóvar trabaja. Rueda en orden cronológico. No lo hace por capricho, sino para que Teresa Font pueda montar en una sala contigua al set mientras el rodaje avanza. En los tiempos muertos, Almodóvar se sienta con ella, revisa lo rodado, detecta lo que falta. El último día de rodaje ya existe un primer corte cercano al definitivo. Esteve Birba describe a un cineasta que llega al set con la película montada en la cabeza, pero que también sabe simplificar sobre la marcha. Las secuencias planificadas con el storyboard de Pablo Burrati funcionaban más como intenciones que como instrucciones rígidas. En el set, tendieron a resolver en menos planos.

El rojo sigue ahí, pero dosificado. Almodóvar lo sabe y lo quiere así. Las últimas películas —’La habitación de al lado’, ‘Dolor y Gloria’— ya apuntaban hacia una paleta más contenida, atmósferas íntimas construidas con primeros planos y movimientos de cámara controlados. ‘Amarga Navidad’ profundiza en esa dirección. El diseñador de producción Antxón Gomez fue clave para Esteve Birba durante la preproducción, el eslabón que conectaba la visión de Almodóvar con las posibilidades reales de cada localización.

Cuando Esteve Birba revisó la filmografía completa antes de rodar, descubrió algo que solo se ve al mirarla de corrido: muchas películas de Almodóvar hablan de otras que vendrían después. Los referentes del director son sus propias películas. ‘Amarga Navidad’ es, en ese sentido, la pieza que cierra un arco visual que Almodóvar lleva años afinando: menos exuberancia, más precisión, y una oscuridad que esta vez no es solo narrativa sino que se mete dentro del plano.

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