El Prado reúne por primera vez los ocho cuadros costumbristas de Valeriano Bécquer

El Museo del Prado expone de forma conjunta las ocho pinturas que Valeriano Domínguez Bécquer realizó entre 1866 y 1867 por encargo del antiguo Museo de la Trinidad, un conjunto que llevaba más de un siglo disperso entre distintas instituciones.

La exposición, titulada Valeriano D. Bécquer (1834-1870): los cuadros de costumbres del Museo del Prado, recupera además las descripciones que el propio pintor redactó para acompañar cada entrega al Ministerio de Fomento. Pedro José Martínez, conservador del Área de Pintura del Siglo XIX y comisario de la muestra, ha subrayado que esos textos «tienen una importancia fundamental».

El encargo arrancó con una pensión concedida por Real Orden del 6 de febrero de 1865. Se extinguió en 1868, tras el derrocamiento de Isabel II, y Bécquer no pudo terminar su trabajo. Solo llegó a hacer tres entregas, una por provincia: Zaragoza y Soria en 1866, Ávila en 1867.

Lo que buscaba el pintor era capturar «una idea cabal de las costumbres populares y de los tipos y usos de cada provincia». A veces retrató un momento festivo o una costumbre concreta. Otras, prefirió reflejar la riqueza material del lugar.

El primer envío, desde Vera del Moncayo, incluyó dos óleos aragoneses. Uno muestra a una familia tomando chocolate caliente. El otro recoge una fiesta mayor con paloteo y el llamado «presente», un ágape costeado por la hermandad organizadora. Martínez ha descrito la escena: «El alcalde, con un jarro de vino, le estaba ofreciendo a la comitiva, mientras que su hija les muestra el presente, un dulce hecho a base de vino».

De Soria llegaron tres pinturas ambientadas en las cercanías de Burgo de Osma: un baile popular, un leñador y una hilandera. El comisario ha señalado el nivel de detalle del cuadro del baile, donde aparece una niña subida a un carretón «que tiene su nariz congestionada del frío, que viene directamente de la montaña nevada». Su conclusión es clara: «Valeriano es un pintor que hay que mirarlo de cerca».

El último envío retrató la peregrinación a la ermita de Sonsoles, en el valle de Amblés, Ávila. Cestas de huevos para subastar, un escuadrón identificado por su alabarda y su lanza, y una escena central de gente bebiendo agua de la fuente. Tres lienzos que cierran un proyecto truncado pero coherente.

La sala que acoge la muestra funciona desde 2009 como espacio dedicado a los fondos del XIX. Por ella han pasado monografías de Sorolla, Rosales, Beruete o Rogelio de Egusquiza. Bécquer se suma ahora a esa lista con un conjunto pequeño en número pero enorme en lo que cuenta sobre la España rural de mediados del siglo XIX.

La exposición permanecerá abierta hasta el 4 de octubre de 2026. Ocho cuadros, tres provincias y un encargo que la historia interrumpió. El Prado, al menos, lo completa con esta reunión.

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