Rodrigo Sorogoyen vuelve con su sexta película, y lo hace metiéndose en un terreno que le queda grande a casi cualquiera: un padre famoso, una hija con cuentas pendientes y un rodaje donde todo puede saltar por los aires.

‘El ser querido’ arranca con una escena de 18 minutos rodada en primer plano. Solo eso ya es una declaración de intenciones. Javier Bardem interpreta a un director de cine célebre que ofrece un papel a su hija, encarnada por Victoria Luengo, con la que ha mantenido una relación rota durante años. Lo que parece una reconciliación profesional es en realidad un campo de minas emocional.
La película se mueve en un territorio poco explorado: el cine dentro del cine. Hay pocos referentes. ‘La noche americana’ de Truffaut, ‘Nouvelle Vague’ en 2025, y en 2027 llegará una película sobre el rodaje de ‘El Padrino’. Sorogoyen elige ese escenario para hablar de paternidad ausente, de ego desmedido y de heridas que supuran cuando menos conviene. El padre arrastra un historial de alto voltaje en rodajes anteriores, tanto que una frase se hizo recurrente: «Este rodaje es un escándalo».
Los primeros veinte minutos son soberbios. Después la película pierde fuelle, aunque no intensidad. Es una distinción importante. Sorogoyen sabe mantener al espectador acelerado, lo demostró en ‘El Reino’ —considerada una de las cien mejores películas de la historia del cine español— y lo vuelve a hacer aquí, aunque con menos precisión. Algunas escenas están rodadas en blanco y negro, un recurso que probablemente habría funcionado mejor si se hubiera extendido a toda la película.
Victoria Luengo gana enteros cada vez que deja aflorar el carácter de su personaje. Una hija que le canta las cuarenta a un padre incapaz de ver más allá de su propio reflejo. Bardem construye un tipo con un ego que no cabe en el plano. La relación entre ambos está bien desarrollada, pero el final se queda a medio camino. Sorogoyen deja la puerta entreabierta y no se atreve a ir al fondo de lo que siente esa hija por ese padre. Ahí le faltó valentía.
Con 135 minutos de metraje, ‘El ser querido’ es demasiado larga. Tiene momentos brillantes, pero también tramos donde el ritmo pide tijera. Aun así, se sitúa como la tercera mejor obra de un director que con solo seis películas ya tiene un lugar propio en el cine español. Muy probablemente será finalista en los Goya, aunque ganar parece otra historia.
Sorogoyen ha vuelto a intentar la película redonda. No lo ha conseguido, pero ha dejado algo que se queda dentro: la imagen de una hija buscando felicidad en el único sitio donde nunca la va a encontrar.



