‘En la zona gris’: el talento de Guy Ritchie, barrido por la marea

‘En la zona gris’ llega a los cines españoles como la confirmación de algo que muchos ya intuían: el Guy Ritchie que deslumbró con ‘Lock & Stock’ y ‘Snatch’ no va a volver. Y lo que queda en su lugar es un director que rueda acción competente sobre guiones que no aguantan una lectura en voz alta.

Hubo un momento, entre 1998 y 2000, en que Ritchie era el nombre más excitante del cine británico. Dos películas bastaron. Efervescentes, violentas con una blancura traviesa, llenas de un humor socarrón que hasta generó imitadores. Luego vino ‘Barridos por la marea’ en 2002 y el crédito se desplomó. Entonces se culpó a Madonna, su protagonista y esposa, de arrastrar al director al abismo. Error. El responsable era Ritchie. Siempre fue Ritchie. Y ‘En la zona gris’, 24 años después, lo demuestra una vez más.

La película quiere ser muchas cosas a la vez. Cine de espionaje. Película de atracos. Thriller de bandas mafiosas. Drama judicial. El problema no es la ambición, sino que ninguna de esas capas funciona. El guion, firmado por el propio Ritchie, dedica sus primeros 40 minutos a explicar en off, de forma monocorde y redundante, lo que los personajes van a hacer en la hora restante. El cine no se explica. Y menos cuando lo que se explica no tiene gracia.

Jake Gyllenhaal encabeza un reparto que incluye a Henry Cavill, Eiza González y Carlos Bardem como villano español. Sobre el papel, un elenco potente. En pantalla, un grupo de actores que parece que simplemente pasan por allí. Sin química. Sin complicidad. Envarados bajo unos diálogos con ínfulas de profundidad que no dicen nada. Tan enrevesados que el cerebro acaba desconectando por pura supervivencia.

La idea de fondo tenía algo. Las mafias no se sostienen con violencia, sino con abogados. La zona gris del título apunta a las sombras del sistema: corrupción bancaria, inmobiliaria, empresarial. Lo que opera entre lo legal y lo ilegal. Pero Ritchie nunca se adentra ahí. No le interesa. Lo que le interesa son los fuegos artificiales de la acción, y esos ya los hemos visto mil veces. Las secuencias están bien rodadas, sí. Siempre lo están con él. Pero eso ya no basta. No basta desde hace mucho.

Hay un momento que resume el problema de la película. Se muere un personaje y da igual. Literalmente da igual, porque no lo conoces. No hay personajes en ‘En la zona gris’. Hay tipos guapos que disparan, corren y dicen frases con pretensión de importancia. La fina línea que los separa de los mercenarios rudos del cine de acción ochentero no existe. Son lo mismo, pero con mejor iluminación.

Con 98 minutos de metraje, ‘En la zona gris’ ni siquiera tiene la excusa de la desmesura. Es una película corta que se hace larga. Probablemente la segunda peor de la filmografía de Ritchie, solo por detrás de aquella ‘Barridos por la marea’ que hundió su carrera hace más de dos décadas. El patrón ya no admite excusas: el director británico lleva un cuarto de siglo haciendo sucedáneos de sus dos primeras películas o superproducciones olvidables. Y cada nuevo estreno parece confirmar que aquellas dos joyas fueron la excepción, no la regla.

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