La segunda película de Júlia de Paz Solvas llega a Movistar Plus+ con una propuesta visual que huye del subrayado para hablar de violencia desde la luminosidad, el color y los silencios.

Hay una trampa en la que caen muchas películas sobre violencia machista: oscurecer la imagen, apretar la paleta de color, ennegrecer cada rincón del encuadre hasta que el espectador entienda que lo que ve es terrible. ‘La buena hija’ hace justo lo contrario. Y ahí está su fuerza.
La película, que ya compitió en la Sección Oficial del Festival de Málaga y que formará parte de la sección Made in Spain del Festival de San Sebastián, parte del corto ‘Harta’ (2021) para ampliar su mirada. La protagonista es Carmela, hija de una mujer víctima de violencia machista, y todo lo que vemos pasa por sus ojos. Pero esos ojos no ven un mundo gris. Ven un mundo luminoso, aparentemente acogedor, donde lo que falla se esconde en los gestos, las miradas y lo que nadie dice.
La directora de fotografía Sandra Roca lo explica con claridad: «No queríamos caer en una representación obvia basada en una atmósfera deprimida». El reto era otro. Trasladar la sutileza de Júlia de Paz al lenguaje visual sin convertir cada plano en una explicación. Que la cámara fuera una extensión de Carmela, que entrara y saliera de su cabeza de forma orgánica. Que el espectador sintiera antes de entender.
Para lograrlo, Roca construyó tres universos visuales diferenciados. Con la madre, una luz controlada y neutra, cierta distancia emocional traducida en sobriedad. Con el padre, un espacio más salvaje, con negros fríos y una luz más dura, más desordenada. Con las amigas, aire. Luz abierta, suave, un entorno donde Carmela puede respirar. Tres mundos, tres LUTs distintas, tres formas de sentir el mismo personaje según con quién comparte plano.
La elección técnica también habla. ARRI Alexa 35 con ópticas Cooke S4/i, buscando una textura orgánica, cálida en pieles, con un contraste suave y un desenfoque natural. Nada excesivamente nítido. Nada que grite. La cámara en mano, que recorre todo el metraje, pesaba diez kilos gracias al ingenio de la foquista Esther Mestres. Y esa ligereza se nota: hay una cercanía física al personaje que no resulta agresiva ni exhibicionista.
Lo que comparten Júlia de Paz y Sandra Roca es un compromiso con la preparación que va más allá del guion. Un año antes del rodaje, ambas asistieron a un congreso sobre violencia vicaria y visitaron puntos de encuentro familiares reales. «La experiencia fue bastante dura», reconoce Roca. Ese contacto con la realidad permea la película. Los espacios se sienten vividos, no diseñados.
‘La buena hija’ comparte ADN con ‘Querer’, la serie de Alauda Ruiz de Azúa cuyo guion coescribió la propia Júlia de Paz. Ambas trabajan con el mismo tono elíptico, a medio fuego, preguntándose qué entendemos por violencia y qué ocurre con todo lo que queda fuera de las definiciones oficiales. Sorprende que en Málaga quedara fuera del palmarés. A veces, lo sutil se confunde con lo menor.
La película ya está disponible en Movistar Plus+. Merece que se le preste la atención que pide: pausada, sin prisas, dispuesta a mirar donde no hay gritos sino algo peor. Silencio.



