Carmen Maura tiene 81 años y sigue siendo capaz de sostener una película entera con la mirada. ‘Calle Málaga’, dirigida por la marroquí Maryam Touzani, es la prueba de que un relato transparente y sin pretensiones puede funcionar cuando quien lo habita sabe exactamente lo que hace.

La película, ganadora del Premio del Público en festivales como Venecia (sección Orizzonti), Mar del Plata, Mill Valley, Denver y Tromsø, se sitúa en Tánger. Allí vive María Ángeles Muñoz, una viuda española con una rutina apacible entre vecinos, cocina y música en pleno centro histórico. Hasta que aparece su hija Clara, interpretada por Marta Etura, con una noticia que lo dinamita todo: quiere vender la casa familiar y meterla en una residencia.
Lo que sigue no es un drama de gritos ni de grandes revelaciones. Es resistencia callada. María Ángeles huye del geriátrico, vuelve a su casa ya vacía y busca la manera de seguir viviendo en sus propios términos. Desde inventarse una salida laboral hasta abrirse a un amor tardío. Touzani no necesita subrayar nada. Deja que la tozudez de su protagonista hable por sí misma.
Hay que decirlo claro: ‘Calle Málaga’ es un crowdpleaser. Una historia cristalina, directa, diseñada para generar empatía e identificación. No hay riesgo formal ni giros que descoloquen. Todo está donde esperarías que estuviera. Y eso, según cómo se mire, puede ser una virtud o una limitación.
Lo que la salva de quedarse en ejercicio calculado es Carmen Maura. Su trabajo aquí tiene algo que no se aprende: sobriedad, carisma y una sensibilidad que nunca pide permiso. No actúa la vejez, la habita. Y eso marca la diferencia entre una película que emociona porque manipula y otra que emociona porque es honesta. ‘Calle Málaga’ se acerca peligrosamente a la primera categoría en algunos momentos —hay escenas previsibles, algún recurso demagógico—, pero Maura la empuja siempre hacia la segunda.
Touzani, que ya pasó por Cannes con ‘Adam’ (2019) y ‘Le bleu du caftan’ (2022), conoce bien este registro. Su puesta en escena es precisa, sin ostentaciones. El guion, coescrito con su marido Nabil Ayouch, funciona como un mecanismo limpio: plantea el conflicto, lo desarrolla con paciencia y lo cierra con coherencia. No pide más de lo que ofrece. Teresa Font en la edición y Virginie Surdej en la fotografía completan un trabajo técnico que acompaña sin interferir.
Marta Etura cumple en un papel que podría haber caído en el cliché de la hija egoísta. Su Clara no es villana: es una mujer agotada, divorciada, aplastada por la vida en Madrid. El conflicto entre madre e hija tiene capas suficientes para no resolverse con un abrazo fácil, aunque la película a veces coquetee con esa tentación.
Con 116 minutos de duración y una coproducción entre Marruecos, Francia, España, Alemania y Bélgica, la película convocó a 33.000 espectadores en su paso por los cines argentinos. No es un dato menor para un título de estas características.
‘Calle Málaga’ no reinventa nada. No lo pretende. Es un cuento de hadas sobre la vejez contado con convicción, sinceridad y el talento de una actriz que lleva medio siglo demostrando que lo difícil no es hacer cine grande, sino hacer que lo pequeño parezca enorme.



