Una guerra civil como telón de fondo, una mula como hilo conductor y un rodaje que acabó en los tribunales. ‘La mula’ llegó al Festival de Cine de Málaga como la primera película proyectada sin un nombre junto al rótulo de dirección. Más de una década después, la pregunta sigue sin respuesta definitiva.

El rodaje arrancó bajo las órdenes de Michael Radford. Con él trabajaron Mario Casas, María Valverde y el resto del reparto durante meses. Todo saltó por los aires a cuatro días de terminar la filmación. El motivo no fue creativo. Fue económico.
Según el comunicado que emitió el propio Radford, la productora española no firmó la documentación necesaria para recibir unas inversiones reservadas por el UK Film Council y la Irish Film Board. El director decidió suspender el rodaje de forma temporal. Su argumento era claro: si lo terminaba, no se podría optar al cobro de esa ayuda y parte del equipo se quedaría sin cobrar.
Lo temporal se convirtió en definitivo. Radford retiró su nombre de todo lo relacionado con la película. Incluso la adaptación del guion apareció firmada como «Anónimo». Tras su salida, Sebastián Grousset cogió las riendas del proyecto y la cinta acabó guardada en un cajón hasta que los tribunales resolvieran el conflicto.
La batalla legal la encabezó la productora Alejandra Frade, que se erigió como directora moral del proyecto. Frade acusó a Radford de incumplir sus compromisos financieros con la parte española de lo que era una coproducción entre España, Reino Unido e Irlanda. El director contraatacó acusando a la parte española de hacer un montaje ilegal con grabaciones en vídeo de las tomas del rodaje, labor que llevó a cabo Teresa Font. Los tribunales, tanto españoles como británicos, dieron la razón a Frade. La película llegó a los cines tres años después de finalizar el rodaje.
Casas lo dejó claro en una entrevista concedida a RTVE.es: «El director se va cuando faltan cuatro días. Nosotros llevamos un proceso de trabajo de meses antes de empezar la peli y después dos meses. Nosotros hicimos toda la peli con Michael Radford, un director que vivimos con él, que trabajamos con él durante cuatro o cinco meses». Sin ambigüedades.
Pese al caos, la crítica premió el resultado. Casas recibió la Biznaga de Plata al mejor actor por su interpretación de Juan Castro, un cabo del bando nacional que vive un doble enamoramiento durante los últimos meses de la contienda: por un lado, con una mula que encuentra en tierra de nadie y bautiza como Valentina; por otro, con Conchi, una joven falangista cordobesa interpretada por María Valverde. A su lado, Secun de la Rosa daba vida a El Chato, su particular Sancho Panza.
La película, basada en la novela de Juan Eslava Galán, partía de una historia real. El autor se inspiró en la vida de su padre, un acemilero del bando nacional en el frente de Peñarroya, Córdoba. Un relato sobre «gente sencilla desprovista de ideología» atrapada en un conflicto devastador, según explicó el propio escritor a RTVE. El rodaje se llevó a cabo en municipios de Granada y Jaén, entre ellos Guadix, Lopera y Andújar. Casas, que sustituyó a Óscar Jaenada cuando este abandonó el proyecto por los retrasos, estudió durante semanas el acento andaluz con un seguidor jiennense.
Y hay otro dato que el tiempo convirtió en leyenda. Muchos creyeron que la historia de amor entre Casas y Valverde nació en el rodaje de ‘Tres metros sobre el cielo’. No fue así. Fue ‘La mula’ la producción que unió sus vidas dentro y fuera de la pantalla. Una película maldita que, sin director oficial, lanzó la carrera de su protagonista y escribió una de las historias más extrañas del cine español reciente.
