Daniel Romero debuta en el largometraje con una película que asfixia desde el primer plano. ‘Las hijas’ ha aterrizado en la Sección Oficial de Competición del Festival de Sitges con un thriller psicológico construido sobre silencios, puertas cerradas y un patriarca interpretado por Karra Elejalde que no necesita levantar la voz para helarte la sangre.

La premisa arranca con Ane, una joven destrozada por la muerte de su hermana. Yune Nogueiras da vida a alguien que busca olvidarse de sí misma entre noches, música y drogas. Hasta que una noche sube a un taxi. El destino es un caserío apartado de todo. Allí la esperan tres nuevas hermanas —Bárbara, Beatriz y Adriana— y un padre que ha levantado esa casa como un refugio con normas muy concretas. Quien entra, obedece.
Lo que Romero construye a partir de ahí es un ejercicio de tensión sostenida que no afloja. Cada ritual de esa comunidad familiar, cada gesto controlado por la hermana mayor, cada puerta que permanece cerrada suma una capa más de angustia. El espectador queda tan atrapado en ese caserío como la propia Ane. No hay respiro.
Resulta inevitable la comparación con la húngara ‘Un secuestro familiar’, cuya estructura comparte durante buena parte del metraje. Pero los caminos se separan. Donde la película húngara miraba hacia la incertidumbre social de un país roto, Romero apuesta por la trampa psicológica pura. Lo suyo es encierro, dependencia y miedo a lo que el patriarca decide que es normal.
Karra Elejalde carga con el peso de la película casi sin hablar. Su presencia basta. Transmite calma y amenaza al mismo tiempo, un Barba Azul moderno que gobierna con la mirada. Pero la gran revelación es Edurne Azkarate como Bárbara, la hermana mayor, que acaba convirtiéndose en la verdadera antagonista. Junto a Ainara Elejalde y Jone Laspiur completan un cuarteto de hermanas cuyas relaciones oscilan entre la obediencia ciega, la rebeldía contenida y la sumisión absoluta.
El cine español no suele pisar este territorio. El thriller psicológico en espacios cerrados, donde lo que asfixia no es la sangre sino la convivencia forzada, sigue siendo terreno poco explorado en nuestra cinematografía. Romero, curtido en cortometrajes que casi le valieron un Goya y con experiencia dirigiendo series de televisión, demuestra en su primer largo que sabe manejar los tiempos y dosificar la información con pulso firme.
‘Las hijas’ no es perfecta. Su arranque puede despertar en el espectador informado un déjà vu demasiado evidente respecto a la propuesta húngara. Pero cuando la película encuentra su propio camino, lo que queda es un thriller que aprieta y no suelta. De esos que se sienten en el estómago antes que en la cabeza. Sitges ha encontrado en Daniel Romero a un director al que conviene seguirle la pista.



