Mikel Gurrea vuelve al Zinemaldia con ‘Sans’, un thriller sacro atravesado por el duelo

El cineasta donostiarra regresa a la Sección Oficial del Festival de San Sebastián con su segundo largometraje, cuatro años después de presentar ‘Suro’ en el mismo escenario. ‘Sans’ sigue a una mujer que, mientras afronta la enfermedad terminal de su madre, acaba integrándose en una banda dedicada al robo de figuras religiosas.

Lo primero que llama la atención es el punto de partida. Mikel Gurrea vivía en el barrio barcelonés de Sants, se topó con una iglesia que siempre encontraba cerrada y pensó lo que pensaría cualquier narrador con instinto: «Como una caja fuerte llena de tesoros. Alguien la podría robar». De ahí salió todo. La investigación sobre casos reales de expolio de arte sacro en la Península Ibérica le dio el marco. Pero la película que acabó escribiendo va mucho más allá del thriller.

La primera escena que puso sobre el papel transcurría en la capilla de un hospital. Esa decisión, aparentemente menor, lo cambió todo. «¿Qué hace aquí la protagonista?», se preguntó. La respuesta lo llevó hacia el duelo, hacia una madre enferma y hacia esa pregunta que nadie quiere hacerse: si cuidar es una obligación o una elección. «El misterio está en la película, pero también la idea de la necesidad de cuidar, la obligación de cuidar y si uno puede desprenderse de ella o simplemente decidir que quiere estar ahí», ha explicado en una entrevista en Hoy por Hoy San Sebastián.

El hallazgo narrativo que vertebra ‘Sans’ tiene una elegancia poco habitual. Lali, la protagonista, se mueve entre dos figuras maternas: su madre biológica, enferma terminal, y la líder de la banda de ladrones con la que empieza a operar. «De repente era la historia de una hija entre dos madres, y eso me parecía muy bonito», ha contado Gurrea. Esa dualidad es lo que permite que la trama íntima y la criminal no compitan entre sí, sino que se alimenten.

Victoria Luengo vuelve a ponerse delante de su cámara. El director intentó escribir el personaje sin pensar en ninguna actriz concreta, pero no tardó en rendirse. «Es que claro, es Victoria», ha confesado. Luengo se incorporó al proyecto antes de que el guion estuviera terminado, participando en improvisaciones y en la construcción del personaje desde fases muy tempranas. Gurrea la ha definido como «una actriz descomunal», capaz de dar matices a un personaje que vive permanentemente a la deriva.

Hay otra capa que merece atención. La película transcurre en un entorno donde la religión lo impregna todo, pero Gurrea no ofrece un discurso cerrado sobre la fe. Más bien lo contrario. «Se mueve en una cuerda entre creer y no creer», ha señalado, situando el corazón de ‘Sans’ en lo que él llama «el espacio del asombro». Más que hablar de Dios, habla de la necesidad humana de sentirse parte de algo, de encontrar un lugar al que pertenecer.

Volver a competir en la Sección Oficial del Zinemaldia no es un trámite, aunque ya lo hicieras antes. Gurrea lo ha dejado claro: «No se vive con más calma». El recuerdo de lo que supuso ‘Suro’ y las expectativas que siempre rodean a un segundo largometraje pesan. Pero el director donostiarra, nacido y crecido en San Sebastián, ha reivindicado lo que significa para él este festival. «Para mí significa todo», ha dicho, recordando que fue precisamente el Zinemaldia el que despertó su vocación cinematográfica.

‘Sans’ mezcla thriller, drama familiar y reflexión existencial sin que ninguna de esas etiquetas se coma a las demás. Eso, sobre el papel, ya es mucho. Y Gurrea, mientras espera a que la película se encuentre con el público, ya anda «barruntando la siguiente». Así funciona esto.

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