Olivia Wilde cambió el final de ‘Sentimental’ y apostó por el silencio en ‘La invitación’

Olivia Wilde ha explicado cómo el desenlace de ‘La invitación’, su adaptación de la película española ‘Sentimental’ de Cesc Gay, se alejó tanto de la versión original como de su propio guion hasta convertirse en algo que ella misma describe como un riesgo creativo.

La película, protagonizada por la propia Wilde junto a Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz, parte de una obra de teatro escrita por Cesc Gay que ya ha dado lugar a varias adaptaciones en distintos países. Wilde lo tenía claro desde el principio: «Pensé que cualquier historia que haya sido adaptada por diferentes culturas de esta manera debe tener una raíz universal, y resulta que las relaciones son difíciles en todos los idiomas».

El proceso de creación no fue convencional. Los guionistas Rashida Jones y Will McCormick escribieron esta versión después de que el reparto principal ya estuviera incorporado al proyecto. El equipo dedicó dos semanas a ensayos e improvisación, y los actores pudieron moldear a sus personajes más allá de lo que figuraba en el guion. Esa dinámica se mantuvo durante los 23 días de rodaje, que transcurrieron en una única localización y siguiendo el orden cronológico de la historia.

El cambio más importante respecto a ‘Sentimental’ está en el final. En la película española de 2020, la pareja protagonista permanece junta. En ‘La invitación’, Joe y Angela, interpretados por Rogen y Wilde, asumen que su matrimonio ha terminado. La escena clave muestra a Joe sentándose al piano, un instrumento que llevaba años sin tocar y que representa su frustración por no haber desarrollado una carrera como músico. La idea nació de McCormick: «Estábamos viendo la original y pensé: Dios mío, al final va a tocar el piano y me va a destrozar. Y ella lo va a oír desde la otra habitación, ¿y qué significa eso?». Ese momento no existía en la obra de Gay. McCormick lo imaginó y, a partir de ahí, los guionistas encontraron una forma de explorar la distancia entre la persona que uno es y aquella en la que esperaba convertirse.

Pero lo que realmente transformó el desenlace fue una decisión tomada durante el rodaje. Wilde eliminó buena parte de los diálogos escritos para las escenas finales. Los consideró innecesarios para dos personajes que habían pasado toda la película discutiendo. «Era claramente innecesario para dos personajes que habían sido tan verborraicos, tan constantemente, casi maniáticamente, combativos con su charla», explicó. Después de que los vecinos de arriba, Hawk y Piña, se marchen, Joe y Angela apenas hablan de su relación. Se limitan a cuestiones prácticas: dónde dormirá cada uno, qué harán con la vivienda de verano. «Habían tomado una decisión», resumió Wilde.

«El final de la película fue algo que Seth y yo trabajamos hasta el último minuto», reconoció la directora. «Porque el final es diferente al de la película original, y muy diferente a nuestro guion». Wilde admitió que confiar en el silencio fue uno de los mayores desafíos del proyecto. El impulso natural durante un rodaje es llenar los huecos con música o diálogos para que nada parezca vacío. Ella hizo lo contrario. «En general, le temo al silencio, pero sobre todo al hacer películas. Siempre me tienta pensar: deberíamos añadir más música, deberíamos añadir algunos diálogos. Pero la capacidad de guardar silencio y confiar en que el público está escuchando es algo» que marcó la diferencia.

La escena en la que Piña adopta el papel de terapeuta y señala cómo Joe y Angela se responsabilizan mutuamente de su infelicidad terminó de confirmar el rumbo. «Como ya habíamos filmado todo lo demás, sabíamos que no había nada más que decir», explicó Wilde. «Y estoy muy agradecida por eso, porque siento que fue un riesgo creativo; para mí fue muy arriesgado».

Hay algo valiente en lo que cuenta Wilde. Tener una película construida sobre la palabra y decidir que el momento más importante es aquel en el que nadie dice nada. Que un piano suene donde antes había gritos. Que el silencio diga más que cualquier discusión. ‘La invitación’ nació de una obra española, pero su final es otra cosa. Es lo que pasa cuando alguien se atreve a callarse a tiempo.

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