‘Mudras’: cuando el cuerpo dice lo que las palabras no se atreven a contar

‘Mudras, bailando hilos invisibles’, el documental dirigido por María Salgado Gispert, llega hoy a los cines con una pregunta que parece sencilla pero que quema por dentro: ¿cómo quieres a alguien de quien necesitas alejarte para ser tú misma?

La historia es real. Hace más de treinta años, Mónica de la Fuente dejó Castilla con veinte años para irse a la India. Se quedó una década entera aprendiendo danza y teatro. Ahora es su hija, Nazaré de la Fuente, bailarina de danza española y flamenco, quien repite el viaje. Lo que empieza como una exploración acaba siendo otra cosa: un espejo en el que aparece la madre.

Ahí está el nervio de la película. Ese territorio donde la admiración y la incomprensión conviven sin pedir permiso. Donde querer a alguien y necesitar separarte de ella no son contradicciones, sino la misma cosa dicha con distinta voz. Cualquiera que haya tenido una madre reconoce ese lugar. Y duele reconocerlo.

Lo más inteligente que hace Salgado Gispert es dejar que el cuerpo hable. Los fragmentos de videodanza de Mónica y Nazaré, filmados por la directora de fotografía Isabel Ruiz, funcionan como un segundo idioma dentro del documental. La propia directora lo resumió con una frase que se queda clavada: con las palabras podemos mentir, pero con el cuerpo no. Y es verdad. Hay cosas entre madres e hijas que ninguna conversación puede desanudar, pero que un gesto, un movimiento o una ausencia de movimiento revelan sin filtro.

No es casual que Salgado Gispert firme también como montadora y operadora de cámara junto a Ruiz. Este es un documental hecho desde dentro, con las manos metidas en cada fase del proceso. Se nota. Hay una intimidad en la mirada que no se consigue delegando.

El viaje de Nazaré a la India podría haberse quedado en postal exótica. Pero lo que encuentra allí no es un paisaje, sino una genealogía. La historia de su madre. Las decisiones que la formaron. Y con ellas, la inevitable pregunta: ¿cuánto de lo que soy es mío y cuánto es herencia? Esa pregunta no tiene respuesta limpia. Nunca la tiene. Pero hacerla ya es un acto de valentía, sobre todo cuando implica decepcionar, discutir o tomar caminos que la otra persona no entiende.

‘Mudras, bailando hilos invisibles’ habla de crecer. De que crecer dentro de una relación a veces exige conflicto. De que el conflicto no destruye el amor, sino que lo transforma en algo más honesto. Y de que la maternidad, ese vínculo que damos por sagrado e intocable, también necesita grietas para respirar.

Hay películas que llegan en el momento justo. Esta tiene toda la pinta de ser una de ellas.

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