En 1971, Pedro Lazaga convirtió la emigración a Alemania en comedia con ‘Vente a Alemania, Pepe’. Más de medio siglo después, ‘Os invitados’ regresa a ese mismo territorio desde un lugar mucho más oscuro, codirigida por la española Cristina Diz y el alemán Stefan Butzmühlen.

La película pone en el centro a Iria, interpretada por Greta Fernández, y a Hajo, a quien da vida Jan Bülow. Ambos abandonan Alemania para trasladar a la madre de ella a España tras sufrir un accidente terminal. Ese viaje de vuelta es también un viaje hacia dentro.
Lo que hace interesante a ‘Os invitados’ es su propia naturaleza bicéfala. Una directora española y un director alemán. Dos miradas sobre el mismo fenómeno. Esa doble perspectiva se traslada a los personajes principales, que encarnan valores e ideales distintos de una manera que el propio planteamiento hace natural y verosímil.
Hay una línea directa entre aquella España que enviaba trabajadores al norte de Europa y la herida que esta película quiere abrir. Pero donde Lazaga buscaba la carcajada, Diz y Butzmühlen buscan los fantasmas. La emigración no como anécdota, sino como cicatriz que atraviesa generaciones y relaciones.
El titular de la fuente original apunta además a una lectura del filme como crítica al patriarcado a través de ese marco migratorio. La emigración como excusa para hablar de estructuras de poder más profundas.
‘Os invitados’ tiene el tipo de propuesta que el cine español necesita más a menudo: pequeña en escala, precisa en intención y con algo real que contar.



