El body horror de Marion Le Corroller se ha alzado con el máximo galardón del Festival de Sitges. ‘Sanguine’ se lleva el Premio a la Mejor Película en una edición que, como cada octubre, convierte a la localidad catalana en capital mundial del cine fantástico y de terror.

El palmarés de Sitges tiene un peso específico enorme dentro del género. Ganar aquí no es lo mismo que ganar en cualquier otro sitio. El festival lleva décadas señalando películas que luego marcan tendencia, y que ‘Sanguine’ haya conquistado al jurado dice mucho de lo que Le Corroller ha puesto sobre la mesa.
La película se mueve en el terreno del body horror, un subgénero que exige tanto estómago como talento visual. No basta con provocar: hay que construir algo con lo que incomoda. Le Corroller parece haber encontrado ese equilibrio.
Sitges vuelve a premiar una propuesta que apuesta por el terror corporal, un territorio que en los últimos años ha vivido una renovación notable de la mano de cineastas con mirada propia. ‘Sanguine’ se suma ahora a un palmarés que funciona como mapa del mejor cine de género contemporáneo.
El premio coloca a Marion Le Corroller en el radar internacional de forma definitiva. Sitges tiene esa capacidad: lo que gana aquí viaja después a salas y plataformas con una etiqueta que los aficionados al género reconocen al instante.



