‘Sanguine’: la ganadora de Sitges que convierte la precariedad laboral en terror corporal

Marion Le Corroller llega al cine desde las finanzas, y eso se nota. Su ópera prima, ‘Sanguine’, acaba de ganar el premio a la mejor película de Sitges y aterrizará en los cines españoles el 27 de noviembre.

La premisa es brutal en su literalidad. Una doctora residente reventada por jornadas imposibles y una jefa sin piedad. Un empleado de comida rápida humillado por clientes mientras atiende pedidos contrarreloj. Sus cuerpos empiezan a mutar para sobrevivir a unas condiciones laborales que no deberían existir. Sudar sangre deja de ser una metáfora.

Le Corroller estudió finanzas durante cinco años antes de romper con todo y pasarse al cine. «Me inspiré en aquellos estudios y en las prácticas que hice en empresas. Todo lo que descubrí de ese mundo alimentó la película», reconoce. La directora eligió el humor negro como vehículo porque fue lo que la sostuvo en sus peores momentos. «No quería hacer algo demasiado dramático o deprimente. Prefería tomar distancia y mirar lo vivido con cinismo, ironía y mucho humor negro».

Cada personaje infectado desarrolla síntomas distintos según su entorno laboral. La directora investigó enfermedades raras en libros de medicina y se apoyó en Darwin y la adaptación de las especies al medio. Para situar parte de la acción en un hospital, pasó varias semanas observando el trabajo en servicios de urgencias. «La sanidad pública está cada vez más sometida a objetivos de productividad y rentabilidad, como una gran empresa», explica.

La violencia visual corre a cargo de Pierre-Olivier Persin, especialista en maquillaje de efectos especiales que también trabajó en ‘La sustancia’. Le Corroller lo tenía claro: «Quería que la violencia visual estuviera a la altura de la violencia laboral que denuncio». Y para que todo ese horror no devorara la empatía hacia la protagonista Margot, apostó por primeros planos pegados al rostro de Mara Taquin. «Una actriz extraordinaria que transmite muchísimo con la mirada», dice la directora. Varias actrices rechazaron el papel por la crudeza de las escenas, la desnudez y las largas sesiones de maquillaje. Taquin no solo aceptó, sino que se volcó en las exigencias físicas del rodaje.

La película se levantó con un presupuesto de unos cinco millones de euros y 38 días de rodaje. «Para una primera película francesa son unas condiciones muy buenas», admite Le Corroller, aunque añade con media sonrisa: «Si hubiera podido rodar durante seis meses, lo habría hecho».

Su siguiente proyecto ya está en marcha. Otra película de género, cercana a la distopía. Habrá mucha sangre, promete, pero un poco menos de terror corporal. Quien haya visto ‘Sanguine’ sabrá que ese «un poco menos» sigue siendo bastante.

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