‘Barreda’: el true crime argentino que elige la contención y paga el precio

La nueva película de Daniela Goggi reconstruye el caso del odontólogo que asesinó a su esposa y sus dos hijas en 1992. Llega a Prime Video el 28 de agosto con Luis Machín al frente de un reparto que sostiene una propuesta más rigurosa que impactante.

El true crime argentino no para de crecer. Después de Robledo Puch, los Puccio, Yiya Murano y a las puertas de un largometraje sobre Pepita la Pistolera, Goggi elige uno de los casos más perturbadores de la crónica policial: Ricardo Barreda, aquel dentista de La Plata que el 15 de noviembre de 1992 acribilló a su familia en su propia casa. El revuelo mediático fue descomunal. La sociedad se partió en dos. Y el tipo jamás mostró arrepentimiento.

El verdadero reto de ‘Barreda’ no estaba en la reconstrucción de los hechos. Eso, con presupuesto y oficio, se consigue. Lo difícil era decidir desde dónde mirar. Goggi opta por un camino intermedio: ni glorificación ni demonización plana. Busca la complejidad de las relaciones, las facetas múltiples de cada personaje, los matices de una convivencia envenenada. Es una decisión inteligente. También es su mayor limitación.

Porque al evitar el sensacionalismo con tanta determinación, la película se vuelve predecible. La austeridad narrativa funciona como escudo contra el morbo, pero le resta capacidad de sorpresa. El retrato de un hombre machista, manipulador y con rasgos psicopáticos avanza con seguridad, con dominio de los tiempos, pero sin golpear donde debería. La estructura de flashbacks está bien resuelta, el tramo del juicio tiene rigor, el drama familiar expone con claridad la toxicidad de esa casa. Y aun así, falta un desgarro que nunca llega del todo.

Luis Machín construye a Barreda con una precisión casi clínica. Es una personificación laboriosa, minuciosa, que transmite la amenaza contenida de un hombre que se va quebrando sin que nadie a su alrededor pueda hacer nada. Alrededor de él, las mujeres de la familia forman un círculo cerrado que intenta sobrevivir a esa presencia cada vez más perturbadora. Carla Peterson como la esposa Gladys, Mercedes Morán como la suegra omnipresente y Maite Lanata y Margarita Páez como las hijas que buscaban escapar del infierno doméstico están perfectamente afinadas con lo que el relato necesita. Marcelo Subiotto y Alberto Ajaka, como abogado defensor y fiscal, resuelven el duelo judicial con puro oficio.

Hay un detalle que merece mención aparte. La película abre con una broma: se escuchan gritos femeninos fuera de campo, uno teme lo peor, y resulta que Barreda persigue a una rata. Es un arranque que marca el tono. Goggi sabe dónde está el horror y juega con la expectativa del espectador antes de llevarlo allí. También hay un subtexto que sobrevuela todo el relato: la Argentina de 1992 no estaba tan lejos de la dictadura. Que el protagonista fuera un obsesivo de las armas y condujera un Falcon verde no parece casual. Esas capas están ahí, aunque la película no siempre las explote con la fuerza que piden.

En la comparación con ‘El Ángel’ o ‘El clan’, ‘Barreda’ sale perdiendo. Le falta el nervio visual de la primera y la tensión doméstica insoportable de la segunda. Pero tiene algo que no abunda en el cine de plataformas: un punto de vista pensado, coherente, que no traiciona su propia lógica por buscar el impacto fácil. Y en un panorama donde el algoritmo manda, eso ya dice bastante.

‘Barreda’ no es la película que te sacude. Es la que se queda contigo después, cuando empiezas a pensar en lo que eligió no mostrar.

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