Jesse Eisenberg ha presentado ‘El debut’ en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián y el resultado ha sido un terremoto. Aplausos en mitad de la proyección, ovación al final y una Julianne Moore que se ha comido la pantalla entera.

Lo primero que hay que decir es que Eisenberg ya no es un actor que dirige. Es un cineasta. ‘El debut’ es una comedia dramática con una elegancia neurótica que recuerda al mejor Woody Allen, pero con una calidez propia que la aleja del homenaje fácil. Diálogos afilados, humor amargo, espacios reducidos manejados con una soltura que no se improvisa.
La historia parte de algo autobiográfico. Una ama de casa atrapada en la monotonía entra en el mundo del teatro aficionado local y encuentra allí algo que había perdido: su propia voz. Eisenberg explora cómo la representación puede ser un refugio para la liberación personal. No es un planteamiento nuevo, pero la ejecución lo convierte en otra cosa.
Y esa ejecución tiene un nombre: Julianne Moore. Lo que hace aquí es un recital. Contención, tempos cómicos, vulnerabilidad que desarma. El papel está escrito a su medida y ella lo sabe. El público de San Sebastián lo supo también: interrumpieron la película para aplaudirla. Eso no pasa casi nunca. Su camino hacia los Oscar parece inevitable. Sería su segunda estatuilla tras la que ganó por ‘Siempre Alice’, con cinco nominaciones a sus espaldas.
Paul Giamatti lidera un reparto de secundarios que funciona como engranaje perfecto. Réplica teatral, matices, equilibrio entre la excentricidad cómica y el drama íntimo. Nadie sobra.
¿Tiene grietas? Una pequeña. La película se recrea en las dinámicas del teatro comunitario y eso dilata ligeramente el ritmo en algún momento. Pero es un desliz menor que queda sepultado por la agudeza verbal de Eisenberg y su capacidad para construir escenas que duelen y hacen reír al mismo tiempo.
‘El debut’ llegará a los cines en otoño de 2026. Quien estuvo en San Sebastián el 23 de septiembre ya lo tiene claro. Los demás tendrán que esperar unas semanas para comprobarlo, pero el veredicto del festival no deja mucho margen a la duda: Eisenberg ha firmado una de las películas del año y Moore ha puesto sobre la mesa la interpretación que todos van a perseguir en la temporada de premios.



