La cineasta madrileña se fue a México en 2002 pensando en quedarse un par de años. Veinte después, volvió con ‘El guardián’ bajo el brazo, su primera película de ficción, premiada como mejor ópera prima en el festival de Morelia.

Nuria Ibáñez Castañeda (Madrid, 52 años) estudió Ciencias de la Información en la Complutense y trabajó en Elfoco.com, un portal de internet que tenía detrás una productora vinculada a ‘Amores perros’. De aquella promoción le quedó una obsesión: conocer México. Cuando el portal cerró, hizo la maleta. «Empecé a vender mis entrevistas, me metí en una escuela de guion, siempre pensando que iba a estar un par de años», cuenta. Dio clases, enlazó rodajes, hizo documentales de forma autodidacta. Y se quedó.
Todo arrancó con ‘Una corriente salvaje’ (2018), un documental rodado en una playa desierta de la Baja California mexicana. Allí conoció a Basilio Moncada, un hombre que recoge basura y ayuda a turistas extranjeros en la Bahía de los Ángeles. Cada semana, Basilio llama para dar el reporte a su patrono, un estadounidense que posee esas tierras sin haberlas pisado jamás. Y que no le paga. «Lo que más me gusta de esta peli es la oportunidad de ver a alguien como Basilio en el cine, poder reparar en alguien a quien no se ve», explica la directora desde el salón de eventos de la Academia de Cine, donde realiza una residencia de la que podría salir su siguiente largometraje.
Basilio tiene casi 70 años. Es deportado de Estados Unidos. Y se aferra a un trabajo que no le da nada porque necesita creer que su familia irá a verlo algún día. Ibáñez Castañeda lo describe con precisión: «Pensé que era una persona sumisa. Vale, lo es, aunque solo en una primera capa. Hay más». Más capas: la identidad de clase, la fe ciega en que alguien por encima cumplirá su palabra, la incapacidad de irse de un sitio donde ya ha invertido demasiado tiempo. «Sube al cerro, mira ese paisaje y cree que es un lugar donde su familia sí podría ir a verle, casi de postal. No observa la miseria en la que vive».
El gran giro dramático de ‘El guardián’ llega cuando Moncada decide denunciar una pesca ilegal aunque todos le piden que no lo haga. Un acto de honradez extrema con todas las de perder. La directora llevó esa decisión al límite en la ficción, pero antes se preguntó qué pensaría el Basilio real. «Lo entendió perfectamente, no mezcló persona y personaje».
Su productora quería un actor profesional. Ibáñez Castañeda se negó. Había escrito el guion con la voz y el físico de Basilio en la cabeza. Pero cuando fue a buscarlo a su pueblo en el Estado de Nayarit, lo encontró hundido en el alcoholismo que arrastraba desde los 20 años. «¿Cómo íbamos a conseguir que hubiera un compromiso y que cumpliera sus jornadas?», recuerda. Se aferró a él de todos modos. «Posee una voz magnética, una sonrisa sin dientes y unas manos que lo cuentan todo. Incluso añadí anécdotas suyas que me había contado durante el documental. Me aferré a Basilio y acerté».
‘El guardián’ concursó en el pasado festival de Málaga y se llevó el premio a mejor ópera prima en Morelia, uno de los certámenes más prestigiosos de México. La propia directora resume en una frase lo que le dio aquel país: «Hay una realidad brutal en México, tan estimulante que, en fin, me fui quedando». Veinte años no es quedarse. Es echar raíces. Y de esas raíces ha salido una película que mira a un hombre al que nadie mira y le pone delante de una cámara.


