La directora mexicana presenta en salas españolas su primer largometraje de ficción, nacido de un personaje real al que conoció rodando un documental y al que no se imaginaba interpretado por nadie más.

‘El guardián’ llega a los cines después de pasar por el Festival de Málaga y ser premiada en el Festival de Cine de Morelia. Para Nuria Ibáñez Castañeda supone un salto que llevaba tiempo gestándose: del cine directo, sin guion, a una ficción escrita desde cero. La paradoja, como ella misma reconoce, es que estudió guion en México pero nunca había escrito una línea para sus propias películas.
Todo nació de un recuerdo. Durante el rodaje de su documental ‘Una corriente salvaje’, Ibáñez Castañeda conoció a Basilio Moncada. Lo que no filmó entonces se le quedó grabado: las conversaciones de Basilio con su patrón, los viajes al pueblo para llamarlo por teléfono porque se había quedado sin camioneta. «Me pareció muy interesante pensar la diferencia de clases desde una situación en la que tenemos que imaginar a ese patrón», explica. Un plano con un empleado al que vemos y un jefe al que no. Ahí estaba la película.
El fuera de campo vertebra toda la propuesta. El patrón nunca aparece. La familia de Basilio tampoco. Hay una detención que no vemos, solo la escuchamos narrada por una mujer. Ibáñez Castañeda lo tiene claro: «La forma es fondo». Ya lo había probado en ‘El cuarto desnudo’, su documental rodado en un hospital psiquiátrico infantil de Ciudad de México, donde la cámara se quedaba siempre con los niños y todo lo demás —médicos, padres— existía solo como voz. «Esa película es lo que es por esa decisión formal», afirma.
La gran apuesta era que Basilio Moncada, no profesional, cargara con todo el peso de la ficción. La directora había escrito secuencias con su voz en la cabeza —la historia de la carta equivocada, la muerte de su hija— y no concebía a otro intérprete. Pero el proceso no fue sencillo. «Basilio es alcohólico desde los 20 años, y cuando fui a proponerle el guion lo encontré ahogado», cuenta. Hubo dudas desde producción sobre la viabilidad. La solución fue volarlo de Nayarit a Ciudad de México para un taller con los otros actores, Gerardo Trejoluna y Andrea Lara. Funcionó. «Ahí ya dije: no lo veo de otra manera.»
Lo que Ibáñez Castañeda describe de Moncada tiene algo de fascinación física, casi táctil. Su rostro, su piel, el sudor, las arrugas. Hay un plano de sus manos poniendo una valla que lo resume todo: «Esas manos no las puede tener un actor. Son manos que han puesto muchas vallas, han hecho la recolecta de la fresa y de la manzana en Estados Unidos, han partido leña, han sido manos de albañil y de fontanero. Puedes ver su vida en su físico.»
Para ambos, directora y protagonista, ‘El guardián’ es una primera vez. Ella debuta en la ficción. Él, en el cine. Ibáñez Castañeda lo cuenta como un tránsito natural: haberlo filmado en un documental y dar el salto juntos. «Yo tenía mucho miedo y mucho respeto a la dirección de actores, que nunca había hecho, y dije: bueno, no he dirigido a actores pero he dirigido a Basilio.» A veces la mejor preparación no está en una escuela. Está en haber mirado a alguien con atención durante el tiempo suficiente.
