La maquinaria promocional de ‘La bola negra’ no tiene precedentes en el cine español reciente. Entradas agotadas seis días antes del estreno, pases de prensa a reventar y la bendición de la Academia para representar a España en los Oscar. El problema es que la película no está a la altura de semejante despliegue.

Los Javis firman aquí su segundo largometraje tras ‘La llamada’ en 2017. Y lo que entregan es una producción técnicamente impecable, con planos preciosos e imágenes potentes, que sin embargo se desinfla donde más importa: en lo narrativo. Tres historias situadas en 1932, 1937 y 2017, conectadas a través del dolor y la memoria, que parten de una obra inacabada de Federico García Lorca. De aquella ‘La bola negra’ lorquiana solo sobreviven cuatro páginas. Un joven intentaba ingresar en un casino de Granada. La admisión se decidía con bolas blancas y negras. Recibía la negra. Lo rechazaban por su homosexualidad.
El material de partida es poderoso. La idea de que esa memoria no quede atrapada en el pasado sino que resuene en generaciones posteriores tiene todo el sentido. Pero el guion tropieza al intentar entrelazar las tres épocas. Habría funcionado mejor separándolas. Tal como está, la película entra en tramos de aburrimiento difíciles de justificar.
Del reparto, pocos sobresalen. Antonio de la Torre y Lola Dueñas demuestran en papeles secundarios por qué llevan años sosteniendo el cine español. Carlos González, dentro del elenco coral, también deja huella. Sale Penélope Cruz. Y Glenn Close entrega un buen papel. Pero el conjunto no consigue que importe lo que ocurre en pantalla.
Hay momentos brillantes de puesta en escena. Nadie discute eso. Si la película se hubiera rodado entera en blanco y negro, probablemente habría ganado en coherencia y en fuerza visual. Pero las decisiones estéticas no salvan un guion que no encuentra su centro.
Lo más llamativo de todo esto es la operación que rodea a la película. Netflix ha puesto su maquinaria al servicio de ‘La bola negra’ y el resultado es un fenómeno de marketing que ha superado con creces al producto en sí. La Academia ya la tiene señalada para los Goya, como ocurrió con ‘Los domingos’ en la edición anterior. Solo que ‘Los domingos’ era una película sobresaliente. Aquí estamos ante algo muy distinto.
En un año en el que el cine español ha producido decenas de títulos más interesantes, que la candidata al Oscar sea esta dice más sobre cómo funciona la industria que sobre la calidad de lo que se rueda. ‘La bola negra’ no es una mala película. Es una película del montón con un envoltorio de obra maestra. Y esa distancia entre lo que promete y lo que entrega es, precisamente, lo más triste de todo.



