Un jurado popular. Un millón de euros por cabeza. Y un dilema moral que la película prefiere no explorar del todo. ‘Los justos’ arranca con una premisa que se vende sola y, sin embargo, se queda a medio gas justo donde debería apretar.

Fer Pérez y Jorge A. Lara debutan en la dirección con un punto de partida que cualquier ejecutivo firmaría con los ojos cerrados. Nueve miembros de un jurado están a punto de declarar culpable al mayor corrupto de España cuando reciben una oferta: un millón de euros a cada uno a cambio de un veredicto unánime de inocencia. La pregunta es obvia. La respuesta, según la película, también. Y ahí está el problema.
Lo que funciona se nota rápido. La estructura está bien pensada, los diálogos tiran del carro y hay actores que elevan cualquier escena que pisan. Carmen Machi, Ane Gabarain, Pilar Castro, Marcelo Subiotto y Aimar Vega encuentran material con el que lucirse. En sus casos, da gusto mirar.
El tono también suma. Esa mezcla de lo solemne y lo irónico, con cámaras lentas que subrayan la pompa del procedimiento judicial, tiene gracia y está bien ejecutada. La música de Beatriz López-Nogales remata el envoltorio.
Pero el envoltorio no basta. Hay personajes que llegan demasiado dibujados a brocha gorda, como los de Vito Sanz y Bruna Cusí. El de Sanz es el cuñado de manual. El de Cusí, la autónoma insegura. Dos actores más que solventes a los que se les nota atados a un esquema que no les deja respirar.
Y luego está lo gordo. El dilema que sostiene toda la película no funciona como dilema. Solo se argumenta un lado. El otro se despacha con proclamas genéricas que no bajan a tierra. Pérez y Lara, curtidos como guionistas en ‘Aída’, ‘Olmo y Robles’ y ‘Superagente Makey’, saben manejar el ritmo de una comedia coral. Pero aquí necesitaban algo más: tensión real entre dos opciones que pesaran lo mismo. Sin ese equilibrio, el tira y afloja entre los personajes pierde fuelle y los diálogos se vacían.
La herencia de ’12 hombres sin piedad’ es evidente y declarada. Pero lo que hacía grande aquella película era precisamente lo contrario de lo que hace ‘Los justos’: cada argumento tenía peso, cada postura obligaba a repensar la anterior. Aquí el veredicto del espectador llega antes que el del jurado.
‘Los justos’ es simpática. Tiene momentos buenos y actores que la sostienen. Pero elige el camino más cómodo para una historia que pedía a gritos incomodar.



