Ridley Scott ha revelado que está reescribiendo la próxima película de Alien. Lo ha hecho en una entrevista con AlloCiné, y ha aprovechado para rebajar su valoración de ‘Alien: Romulus’ a un tibio «estuvo bien». El mismo hombre que antes del estreno la llamó «fucking great».

Hay algo fascinante en la manera en que Ridley Scott gestiona su relación con la franquicia que creó. No la suelta, pero tampoco la abraza del todo. Se aleja, vuelve, opina, corrige su opinión y vuelve a opinar. Casi cinco décadas después de aquella primera película, sigue convencido de que Alien le pertenece. Y cada vez que alguien hace algo interesante con ella, él aparece para decir que necesita ayuda.
Lo llamativo no es que quiera volver. Es el giro en el discurso. Fede Álvarez contó en su momento la presión que sintió al mostrarle la película terminada, sabiendo que Scott no se muerde la lengua. La respuesta fue rotunda: «fucking great». Ahora, meses después, el veredicto ha bajado a «estuvo bien» y la franquicia «necesita algo de ayuda». Así, sin más. Como si cambiar de opinión sobre una película que revitalizó comercialmente la saga fuera un trámite menor.
Y aquí está la cuestión de fondo. ‘Alien: Romulus’ hizo exactamente lo que Disney y 20th Century Studios necesitaban. Devolvió al xenomorfo al centro del terror, funcionó en taquilla y reabrió el debate sobre qué dirección debía tomar Alien. No era perfecta. Algunos le reprocharon un exceso de nostalgia, otros celebraron la vuelta a la atmósfera clásica. Pero el resultado fue claro: la saga seguía viva. El público quería más.
Scott, en cambio, parece mirar hacia otro lado. Hacia el lado que él conoce. Hacia Prometheus, hacia Covenant, hacia los Ingenieros, David, la creación artificial, las grandes preguntas filosóficas. Aquellas precuelas dividieron al público como pocas películas de ciencia ficción han conseguido. Tenían ambición, sí. También tenían problemas narrativos considerables. Y sobre todo, alejaron a Alien de lo que mucha gente iba a buscar cuando compraba una entrada.
Lo que Scott dice ahora —«estoy reescribiendo la próxima película, de repente volví y me involucré»— suena a declaración de intenciones más que a confirmación de rodaje. Reescribir un guion no significa que haya una producción en marcha. Ni que él vaya a dirigirla. Pero el mensaje es inequívoco: quiere decidir hacia dónde va esto.
El problema no es que Scott tenga ideas. Las tiene, y algunas son extraordinarias. El problema es que su historial reciente con Alien demuestra que su visión y la del público no siempre coinciden. Y que su manera de validar o invalidar el trabajo de otros directores según le convenga dice más de su relación con el control que de su relación con la franquicia.
Cailee Spaeny y David Jonsson demostraron en ‘Romulus’ que Alien podía tener caras nuevas y funcionar. Álvarez demostró que se podía honrar el legado sin convertirlo en una clase de filosofía. Ahora Scott vuelve a sentarse en la silla y dice que aquello estuvo «bien». Solo bien. La saga que él mismo dejó en tierra de nadie después de Covenant necesita su ayuda, según él. Quizá. O quizá lo que necesita es que quien venga después no tenga que preocuparse por si el creador original va a cambiar de opinión sobre su trabajo seis meses más tarde.



