Lee Chang-dong ha vuelto. Ocho años después de ‘Burning’, el director surcoreano presentó en la Zabaltegi Tabakalera del Festival de San Sebastián su nueva película, que llegó al País Vasco con el Gran Premio del Jurado y el premio FIPRESCI de la Mostra de Venecia bajo el brazo. No es un regreso menor.

‘Possible Love’ arranca con un gesto mínimo que contiene toda la película. Un niño espía a través de la ranura de una puerta. Ve a cuatro adultos borrachos cantando en un karaoke. Se gira. Vuelve a la cama. Lo que piensa, no lo sabremos. Lee Chang-dong no explica: muestra. Y ese chico, espectador silencioso de un choque entre clases, será el hilo que atraviesa los 164 minutos del metraje.
La historia enfrenta a dos matrimonios que se conocen por azar. Mi-ok, madre del niño y mujer de clase obrera, pierde su anillo junto al coche de unos desconocidos. Llora al encontrarlo. De ahí nace una amistad con Ye-ji, la mujer adinerada, que pronto revela sus intenciones: quiere rodar un documental sobre el marido obrero, un exempleado de fábrica con un pasado sindical que le ha dejado heridas que prefiere callar.
Lo que hace grande a ‘Possible Love’ es cómo multiplica las miradas. La cámara de Ye-ji persigue al obrero buscando que se abra, que confiese, que entregue su dolor como material cinematográfico. Pero hay un momento revelador: la directora desiste de filmar la fábrica porque la acción le resulta «excesivamente repetitiva». No le interesa el trabajador. Le interesa su propia realización como cineasta. Ahí Lee Chang-dong clava el bisturí.
En la parte final, la acción se traslada a la casa de playa de los ricos. El chico se hace amigo del jardinero, un enano que de pequeño jugaba con el dueño de la casa. Otro «posible amor» entre clases que se demuestra imposible. Mientras las parejas se enredan en tensiones latentes, el niño y el jardinero observan a través de las cámaras de seguridad. Hay una película dentro de la película dentro de la película. Y todas miran lo mismo: la distancia entre quienes tienen y quienes no.
La comparación con ‘Parásitos’ de Bong Joon-ho es inevitable por el tema, pero las películas viven en planetas opuestos. Donde Bong construía un mecanismo de relojería, Lee Chang-dong deja que el río corra con parsimonia hasta alcanzar su máximo caudal. No hay simetrías calculadas ni giros de guion espectaculares. Hay tiempo, acumulación y una incomodidad que crece sin hacer ruido.
Jeon Do-yeon, Sul Kyung-gu, Zo In-sung y Cho Yeo-jeong sostienen una película que les exige habitar las contradicciones de sus personajes sin subrayarlas. La fotografía de Kim Ji-yong alterna la oscuridad de un párking nocturno con la luz excesiva de una casa donde todo se vigila. La música de Jung Jaeil, compositor de ‘Parásitos’, acompaña sin invadir.
Hay algún trazo grueso en la crítica social, momentos donde la película subraya lo que ya había mostrado. Es su único punto débil y es menor. Porque lo que consigue Lee Chang-dong con ‘Possible Love’ es convertir la observación en un acto político. Quién mira a quién. Quién decide qué merece ser filmado. Quién se queda fuera del encuadre.
‘Possible Love’ llegará a Netflix el 6 de noviembre. Es una de esas películas que justifican la existencia de una plataforma: cine de autor exigente, de casi tres horas, que difícilmente llenaría salas comerciales pero que merece ser visto. Lee Chang-dong ha tardado ocho años en volver. Ha merecido cada día de espera.



