‘Tadeo Jones y la lámpara maravillosa’: la saga crece, aunque le falta una canción

La cuarta aventura del albañil arqueólogo más famoso del cine español llega el 26 de agosto a los cines con viajes en el tiempo, una bebé que roba cada escena y un cambio visual que merece la pena ver en pantalla grande.

Tadeo Jones no necesita presentación a estas alturas. Tres películas y el título de saga infantil más taquillera de la historia de España le avalan. Enrique Gato vuelve a dirigir, y lo hace con una entrega que respeta la fórmula pero se atreve a moverla de sitio. No mucho. Lo justo.

La gran novedad tiene nombre propio: Olimpia, la hija de Tadeo y Sara. No es un recurso para vender ternura. La pequeña se convierte en el centro de la trama y, sobre todo, en la némesis perfecta de Momia. Ese duelo de celos entre el personaje no-muerto y una bebé genera los momentos más divertidos de toda la película. Momia sigue siendo el alma cómica de la saga. Aquí lo confirma sin despeinarse.

La aventura arranca en Londres, con paradas en el Big Ben y el Palacio de Buckingham, y se lanza a buscar la lámpara maravillosa con ecos de Las mil y una noches. Pero el verdadero golpe de timón es un viaje en el tiempo al siglo XVI que lleva a los protagonistas al reino de Paititi en Perú, la Acrópolis de Atenas y Oriente Medio. Funciona como motor narrativo y como excusa pedagógica sin resultar pesado. Los niños aprenden historia casi sin darse cuenta. Eso tiene mérito.

A nivel visual hay un momento que destaca por encima de todo: la presentación de la leyenda de la lámpara. La película rompe con la animación 3D y se sumerge en un estilo bidimensional que recuerda a lo que ya vimos en ‘La luz de Aisha’ de Shadi Adib. Es un cambio breve pero impactante, y demuestra que la saga no tiene miedo a experimentar cuando el relato lo pide.

La estructura narrativa repite ingredientes conocidos: leyendas, objetos perdidos y la clásica traición de un personaje cercano que ejerce de antagonista. No hay sorpresas en ese esquema. Pero la resolución del conflicto introduce un matiz distinto que refresca lo suficiente como para que no sepas exactamente cómo va a terminar. También se nota la evolución en el tratamiento de los personajes femeninos y la desaparición de los chistes estereotipados que lastraban las primeras entregas. Esta cuarta parte consolida ese cambio con más decisión que nunca.

Lo que sí se echa en falta es una canción. Las anteriores entregas clavaron temas que se quedaban en la cabeza durante semanas: ‘Te voy a esperar’ de Juan Magán y Belinda, ‘Todo es posible’ de David Bisbal y Tini. Esta vez no hay un hit diseñado para la ocasión. Los créditos finales se sienten más vacíos por ello. Es una ausencia que los seguidores de la saga van a notar.

‘Tadeo Jones y la lámpara maravillosa’ cumple con lo que se espera de ella y añade capas suficientes para no repetirse. No reinventa nada, pero sabe exactamente lo que es: la película familiar del verano. Y en eso, pocos le van a discutir el puesto.

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