El director de ‘A puerta fría’ regresa con una película gestada durante casi una década, presentada en el D’A y construida sobre un retrato femenino que fue mutando con cada reescritura del guion.

Xavi Puebla no se fue del cine. El cine se fue de él. Catorce años separan ‘A puerta fría’ de ‘Femenino, singular’, y no porque le faltaran historias. Le faltó producción. Le faltó financiación. Le faltó esa suerte que otros colegas suyos, como él mismo reconoce, supieron encontrar antes.
La primera versión del guion está fechada en 2016. Tardó casi cinco años en dar con un productor dispuesto a sacarlo adelante. Después, ese productor necesitó otros cinco para cerrar la financiación. Diez años desde la página escrita hasta la película terminada. Puebla lo cuenta sin dramatismo, casi con resignación profesional. Cita a François Truffaut: «De cada cinco películas, hay una que sale adelante y las otras se acaban quedando en el cajón». Y añade que ya le parece una buena proporción.
El origen de ‘Femenino, singular’ es íntimo. Jesús Méndez Cestero, coguionista con el que Puebla ya había trabajado tras ‘A puerta fría’, propuso la idea. Atravesaba una situación personal con paralelismos claros con lo que vive la protagonista. Puebla aceptó el envite. No era un tema que le tocara de cerca, pero defiende algo que suena a convicción real: todos los temas pueden hacerse propios si conectan con lo que uno piensa, siente u obsesiona.
Lo que arrancó como un motor argumental fue transformándose con cada reescritura. Cuatro o cinco versiones pasaron por las manos de Puebla y Méndez Cestero. En ese proceso, la causa original de la trama se convirtió casi en consecuencia. Aparecieron temas que ya latían en el cine anterior de Puebla: la esclavitud laboral, el peso del dinero en la sociedad occidental. La película dejó de ser solo un retrato y empezó a ser otra cosa.
Hubo más cambios. Por necesidades de presupuesto, por complicidades con otras autonomías, por una coproducción que estuvo encima de la mesa. El guion se adaptó a cada giro de la producción. Pero el vuelco definitivo llegó tres meses antes de la preproducción, cuando Puebla y su productor, Carles, decidieron incorporar a una tercera guionista. Fue Mireia Vidal. La razón era clara: necesitaban un punto de vista femenino que a dos hombres les había quedado incompleto. Puebla no lo disfraza. Lo dice tal cual. Y reconoce que ese último tramo, breve pero intenso, enriqueció la película con un matiz que define como sutil pero necesario.
Hay otro cambio respecto a su filmografía anterior. Puebla venía de rodar en interiores cerrados, espacios que respiraban al ritmo de sus personajes. Aquí no. ‘Femenino, singular’ exigía una estructura temporal de entre nueve meses y un año, lo que dispersó los escenarios y multiplicó los saltos en el tiempo. Un territorio distinto para un director que había hecho de la contención espacial una marca.
Lo que cuenta Puebla en esta entrevista no es solo el making-of de una película. Es el retrato de lo que significa hacer cine en España cuando no eres un nombre que abre puertas con una llamada. Diez años para una película. Cinco guiones en cartera. Y la certeza tranquila de que tener muchos proyectos es la única forma de que alguno sobreviva.
‘Femenino, singular’ ya tiene forma. Ya se ha visto en el D’A. Y Xavi Puebla ya no es un director que lleva catorce años sin filmar. Es un director que acaba de demostrar que seguía ahí.



