‘El guardián’: un hombre, una playa y la dignidad como último refugio

Nuria Ibáñez Castañeda debuta en la ficción con una película que parece hecha de arena y silencio. ‘El guardián’ se estrenó el 17 de julio y cuenta, con lo justo, la historia de un hombre que custodia una playa que nadie le ha pedido que cuide. O sí, pero sin pagarle por ello.

El hombre se llama Basilio Moncada. Se interpreta a sí mismo, o a alguien que se le parece mucho. Vive en una playa desierta de la Bahía de los Ángeles, en Baja California, México. Recoge basura. Vigila el paso de extraños. Trabaja para un patrón que nunca aparece en pantalla, solo se le oye, y que no le paga. Eso es todo. Y con eso, Ibáñez Castañeda construye algo que se queda dentro.

La directora ya conocía ese territorio. Antes de esta película rodó un documental, ‘Una corriente salvaje’, que le sirvió para familiarizarse con el paisaje y con la vida que late en él. Ese conocimiento previo se nota. No hay turismo visual ni mirada exótica. Hay observación. Lenta, respetuosa, sin prisas por llegar a ningún sitio.

La ficción es mínima. Un conflicto con la pesca furtiva, un pasado que se va desvelando, una comunidad que sobrevive como puede. Pero lo que importa no es la trama. Lo que importa es el rostro de Moncada fundido con ese entorno, la manera en que el paisaje y el personaje terminan siendo la misma cosa. Un tipo al que solo le queda respetarse a sí mismo, defendiendo un trozo de mundo salvaje que a nadie más parece interesarle.

Hay algo de cuento breve en ‘El guardián’. Un don nadie enfrentado a la inmensidad. Un patrón que desde fuera de campo se empeña en delimitar lo que no tiene límites. La película podría haber caído en el chiste amargo, en la imagen triste de alguien barriendo el desierto. Pero no cae. La historia de Basilio es más pequeña que eso. Más humana. Como una mota de arena en los ojos de un mundo que cada día despoja de humanidad a hombres como él.

Gerardo Trejoluna y Blake Webb completan el reparto de una producción mexicana de 102 minutos que no necesita más. Ni más actores, ni más metraje, ni más artificio. Lo que ofrece Ibáñez Castañeda es una ficción sencilla con recovecos emocionales que se abren despacio: el peso de lo vivido, la supervivencia de una comunidad, la búsqueda de un pez de oro que funciona casi como fábula.

‘El guardián’ es cine que se sumerge en aguas profundas partiendo de la superficie más árida. No levanta la voz. No subraya. Deja que el espectador llegue solo a lo que tiene que llegar. Y cuando lo hace, el golpe es seco. La dignidad de Basilio no se proclama. Se ve.

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