Tadeo Jones vuelve a los cines con su cuarta película. Esta vez, la lámpara de Aladino le abre la puerta a un viaje en el tiempo hasta la América que vio Colón, y lo hace acompañado de una novedad que cambia el tono de la saga: ahora es padre.

Enrique Gato ha dedicado cuatro años a esta entrega. No es poco. Y lo que cuenta sobre ella deja claro que no quería repetir fórmula. «Lo que busco siempre es que cada nueva película pegue un subidón al listón de la saga», dice el director vallisoletano, que arrancó este proyecto a principios de siglo y ahora celebra el 25.º aniversario de la creación de Tadeo.
El punto de partida es la lámpara maravillosa de Las mil y una noches, perdida durante siglos y encontrada por el arqueólogo en el palacio real de Londres. Con ella, Tadeo viaja al año 1502. Allí se topa con un Cristóbal Colón cuyo acento, según Gato, «sorprenderá a todo el mundo por lo inesperado». El equipo se ha tirado a la piscina con el eterno misterio del origen de Colón y lo ha convertido en una de las bazas cómicas de la película. «Siempre hay alguien que se ofende, a pesar de ser un humor completamente blanco. Pero yo creo que todo el mundo puede entender que es una broma», zanja.
El giro más personal está en la familia. Tadeo y Sara tienen ahora una hija, Oli. Gato reconoce que se había resistido a ese cambio de guion, pero la vida manda. «De alguna forma hemos crecido juntos. Me apetecía hablar de esto en primera persona, que dentro de este mundo loco de ficción hubiera una parte de verdad con la que el público se pudiera sentir identificado», explica. El director también ha sido padre, y quería que eso se notara. «Tenía muchas ganas de hacer algo un poco más emotivo».
No es la única novedad. La presencia femenina pega un empujón importante. El genio de la lámpara es ahora una genia. Y Sara Lavrof deja de ser el personaje racional y perfecto para desesperarse con un robot de inteligencia artificial sobre ruedas. Gato lo dice con franqueza: Tadeo venía del cómic español de los 80, un mundo «muy, muy masculino». «Era otra época, ¿no? Quizás porque el subconsciente trabaja muchas veces hasta que de repente te das cuenta, había creado un mundo bastante masculino. Y ahora que teníamos la oportunidad de meter nuevos personajes, quería aprovecharla».
La documentación histórica ha sido exhaustiva. Las carabelas están estudiadas a fondo. Las fechas de aparición de los personajes son coherentes con el contexto real. Pero el margen de fantasía sigue siendo enorme, y las penurias del viaje de Colón se cuentan en clave de comedia. Gato no quiere que nadie confunda esto con una clase de historia. Tampoco quiere que los padres saquen el móvil en cuanto se apaguen las luces. «La clave es que la película es familiar, a mí no me gusta hablar de películas infantiles. La peli habla de tú a tú, desde el crío más pequeñito de la sala hasta el abuelo que va acompañando».
Lo que más ilusión le ha hecho al director son los mensajes de padres que le han llegado diciendo que quieren llevar a sus hijos para que sientan lo que ellos sintieron con la primera. Eso, para una saga de animación española con un cuarto de siglo a sus espaldas, ya dice bastante.



