‘Digger’ divide al mundo: Iñárritu y Tom Cruise lanzan la película más incómoda del año

Alejandro González Iñárritu ha conseguido algo que parecía imposible: sacar a Tom Cruise del piloto automático de la acción y meterlo de lleno en una sátira climática grotesca, excesiva y deliberadamente molesta. ‘Digger’ no busca consenso. Y se nota.

La premisa ya es una declaración de intenciones. Cruise, forrado de prótesis faciales y corporales, interpreta a un magnate petrolero cuya codicia provoca el desprendimiento de un trozo de hielo del Ártico del tamaño de Washington D.C. Lo llaman Judy. Se dirige hacia Europa. Va a arrasar con todo. Mientras tanto, el personaje alimenta a su gato moribundo con caviar. Ahí está Iñárritu en estado puro.

Lo que hace especial a esta película no es su mensaje —el colapso climático, la inoperancia política, la codicia— sino cómo lo grita. ‘Digger’ no susurra. Abraza el exceso como método. La hipérbole visual, el barroquismo, los personajes en caída libre. Todo empujado un paso más allá de lo que el espectador espera. Hay quien ve ahí genialidad. Hay quien ve ruido.

John Goodman como trasunto de Donald Trump rodeado de asesores que sueltan chistes machistas y racistas. Sam Rockwell protagonizando un plano secuencia ante una delegación de gobernantes que es, según la crítica favorable, uno de los momentos cinematográficos del año. Y Cruise demostrando que detrás de los sprints y las escenas de riesgo sigue existiendo el actor de ‘Magnolia’ y ‘Nacido el 4 de julio’. Eso nadie lo discute.

Lo que se discute es todo lo demás. La crítica de Roger Salvans en Fotogramas celebra precisamente lo que la de Laura Pérez señala como problema: el desequilibrio. El primer tercio funciona como sátira afilada. Después llega un giro metaficcional que resignifica lo que hemos visto. Y ahí es donde la película se parte en dos, igual que su audiencia.

Iñárritu lleva años dividiendo. Pero esta vez ha ido más lejos que nunca. ‘Digger’ es, según sus defensores, tan sutil como un puñetazo en el estómago. Y eso es exactamente lo que pretende. Una tragedia grotesca que no disimula su condición. Al lado de esta película, ‘¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú’ parece un ejercicio de contención. Eso lo dice un crítico a favor, no en contra.

Que Tom Cruise haya aparcado las piruetas de ‘Misión: Imposible’ para meterse en esto es lo más valiente que ha hecho en una década. Que funcione o no dependerá de cuánto estómago tenga cada espectador para aguantar a Iñárritu sin frenos. ‘Digger’ es como el cilantro, dicen. La comparación es perfecta. Porque no hay término medio y no lo busca.

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