‘Gracias, equipo’: Netflix clava el cuchillo en la oficina española con una sátira que escuece

‘Gracias, equipo’ llega a Netflix con la firma de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, los guionistas de ‘Reyes de la noche’ y ‘La vida breve’, y con una intención clarísima: reírse de la miseria laboral española sin anestesia. Se estrenó el 11 de septiembre y tiene más mala baba de la que aparenta.

La premisa funciona como un reloj. Olga se reincorpora tras agotar su baja por maternidad, llena de ganas, apuntando a un ascenso. Pero su empresa, Tío Mochales —un fabricante de queso local que lleva años viviendo de las rentas—, tiene otros planes. La directora organiza un retiro rural obligatorio con la excusa de fomentar los valores de la compañía. Es mentira, claro. Lo que les espera es una competición salvaje: hay despidos en el horizonte y cada uno tendrá que buscarse la vida.

Ahí es donde la película enseña los dientes. El humor bebe directamente de Berlanga y del trazo grueso de Ibáñez. Retrata un ecosistema que cualquiera que haya pisado una oficina reconocerá al instante: la líder que no lidera, el pelota profesional, el veterano que solo quiere llegar vivo a la jubilación anticipada. Estereotipos, sí, pero puestos delante de un espejo que devuelve una imagen bastante fea. Y bastante real.

Lo más afilado es el retrato del lenguaje corporativo. Esos sistemas de evaluación por colores, esas dinámicas de equipo que son puro teatro, esas palabras bonitas que se evaporan en cuanto toca recortar. Garrido y Valor cargan contra todo el mundo y no dejan títere con cabeza: los que se acomodan, los trepas, los que venden a su abuela por conservar el puesto, los sindicalistas y los que huyen del sindicato como de la peste. Nadie sale limpio.

Hay también una capa que va más allá de la broma. La película mete el dedo en cómo la maternidad penaliza la carrera profesional de las mujeres. Olga no solo tiene que competir por su puesto: tiene que demostrar permanentemente que sigue siendo válida después de haber sido madre. Eso no es comedia. Eso es la realidad disfrazada de guion.

El reparto sostiene la función con solvencia. Maribel Verdú, Alexandra Jiménez, Pedro Casablanc, Blanca Martínez y Raúl Tejón forman el núcleo duro. Pero son Pepe Viyuela y Saturnino García quienes se llevan un par de momentos gamberros que se quedan grabados. Cada actor encaja en su rol sin forzar la máquina, y eso en una sátira coral es más difícil de lo que parece.

¿Es la película más ingeniosa del año? No. Hay tramos donde el guion podría apretar más, donde la sátira se queda en la superficie del chiste en vez de clavar el bisturí hasta el fondo. Pero tiene algo que muchas comedias españolas no tienen: carga de profundidad real. No es entretenimiento inofensivo. Es un dardo que se ríe de ti mientras te lo clava.

Lo que más duele es que una película así no haya tenido estreno en salas. Netflix la absorbe directamente mientras cines mucho más endebles sí consiguen pantalla. ‘Gracias, equipo’ tiene más pegada que la mitad de lo que pasa por taquilla y se merece que alguien la vea sin el móvil al lado. Pero así están las cosas.

Garrido y Valor confirman que su terreno natural es el de las verdades incómodas envueltas en humor negro. ‘Gracias, equipo’ no revoluciona nada, pero retrata la oficina española con una precisión que incomoda. Y eso, hoy, vale bastante más que una carcajada fácil.

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