‘El ser querido’: Sorogoyen deslumbra con la imagen pero no consigue conmover

Rodrigo Sorogoyen estrena su nuevo largometraje con Javier Bardem y Victoria Luengo al frente de un drama sobre un padre y una hija separados durante trece años. El resultado es una película de factura impecable que, sin embargo, se queda fría por dentro.

Hay que decirlo pronto: ‘El ser querido’ comparte argumento con la noruega ‘Valor sentimental’, ganadora del Oscar a mejor película internacional. Un director de cine reputado contrata a su hija, con la que perdió el contacto hace años, para protagonizar su siguiente película. No es plagio. Es coincidencia. Pero el susto para Isabel Peña, Sorogoyen y sus productores tuvo que ser considerable.

Dicho esto, cada película va por su lado. Y la de Sorogoyen va, como siempre, por un camino que solo él transita. Hay una secuencia inicial de unos quince minutos en un restaurante, resuelta en plano y contraplano, donde padre e hija se reencuentran después de trece años de silencio. Ahí está todo lo que Sorogoyen hace bien. La tensión sin aspavientos. Los secretos flotando entre frase y frase. Los avances tímidos que se estrellan contra retrocesos brutales. Como ejercicio de dirección, es impecable.

Bardem es magnetismo en estado puro. Cada gesto, cada palabra que dice y cada palabra que calla construyen a un tipo con zonas de sombra que no necesita subrayar. Un triunfador profesional que arrasó con lo que dejó atrás. Un director consagrado en Estados Unidos, con nueva familia, que arrastra heridas que él mismo causó. Es un intérprete descomunal y aquí lo demuestra sin despeinarse.

Victoria Luengo, que ya deslumbró en ‘Antidisturbios’, carga con un personaje de alma doliente y recuerdos amargos. Lo hace bien. Lo hace muy bien. Pero da la sensación de que siempre le ofrecen el mismo registro: la sufridora introvertida, intensa, áspera. Completan el reparto Raúl Arévalo, Melina Matthews, Marina Foïs y Raúl Prieto.

El rodaje dentro de la película —una ficción ambientada en el Sáhara— se convierte en un campo de batalla donde el carácter volcánico del padre explota. En nombre de la perfección puede ser salvaje. Y Sorogoyen filma esa salvajería con un poderío visual que no decae en los 135 minutos de metraje. No hay un solo plano descuidado. No hay una decisión de puesta en escena que no esté pensada. Es un director que se reinventa con cada proyecto, que se aburre de las fórmulas fijas y busca lenguajes nuevos para cada historia. Eso se nota. Eso se respeta.

Y sin embargo, ‘El ser querido’ no emociona. Ahí está el problema. Puedes admirar cada decisión formal, dejarte absorber por la presencia de Bardem, reconocer que Sorogoyen no da una puntada técnica sin hilo. Pero cuando termina la película, te levantas de la butaca con más respeto que sentimiento. El talento expresivo es incontestable. La emoción, esquiva. Como si la perfección del envoltorio hubiera acabado por sellar lo que debería salir de dentro.

Sorogoyen siempre ha sido un director de extremos. ‘El reino’ y ‘As bestas’ funcionan como maquinaria de precisión emocional. ‘Los años nuevos’ irrita. ‘Antidisturbios’ es compleja y extraordinaria. Con él no hay medias tintas. ‘El ser querido’ se sitúa en un territorio raro: es una película que no falla en nada y que aun así no termina de llegar. Un ejercicio de talento que se queda a un palmo de ser algo más grande.

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